martes, 5 de febrero de 2019

¡OJO AL PARCHE!

La retirada de la condición de "utilidad pública" a la asociación Hazte Oír, 

suena a ¿represalia? del ministerio de Interior, que dirige Fernando Grande-Marlaska, contra esta asociación por el atrevimiento de haber hecho una campaña informativa, con la intención de aclarar, a quien tuviese dudas, sobre la realidad de que las niñas tienen vulva y los niños tienen pene.

Pero para el ministerio de Justicia, eso no es de tanta utilidad como las clases que se han dado en algún colegio, sobre cuál es la mejor técnica para masturbarse, a niños y niñas en edad poco más que de cagones ¡ay!  ¿Este cagones será delito de odio? Consultaré con la Oficina del Consejo del Poder Judicial.

Es lo que tiene este sistema basado en la libertad de expresión: quien decide sobre libertad de lo que se dice, aunque sea una inapelable verdad; esas cosas lo deciden quienes ostentan el poder, aunque no lo merezca. La regla cada día es menos flexible: o se usa la medida de lo "políticamente correcto", o la regla te muele.

De la censura ministerial se ha salvado, gracias a que por entonces había otros mandando en el ministerio de Interior, la divertida película norteamericana "Poli de Guardería".

Ahora la censura es más recatada; el censor puede estar estrechando la mano a un creador cinematográfico, dándole la enhorabuena por su creación, mientras con el móvil le está mandando un whatsapp a su inferior en el mando, ordenando su censura total, incluida la subvención, si la hubiere. "No está subvencionado, respuesta vía whatsapp, es facha".

Y es que, según qué verdades, la Verdad; hay que pesar y medir la verdad que se va a expresar, 

porque ¡como guardián! de cómo ha de usarse en la Democaca, se han implicado algunos ayuntamientos, creando su propia policía anti odio.


"Policía Municipal contra los delitos de odio

Esta unidad tiene como objetivo eliminar los delitos de odio en la ciudad de Madrid".

La palabra "eliminar" en boca izquierdista, me da escalofríos.

Pero volviendo al respeto a lo que quiere expresar la palabra, bajo la vigilancia del ex excelentísimo, he de declarar, y no me siento culpable, que en mi niñez a las personas que no podían ver, les decíamos ciegos; a quienes, porque les faltase una pierna o la tuviera dañada, les decíamos cojos; a quienes los mismos problemas los tenían en los brazos, les decíamos mancos.  

Lo decíamos; era de uso  general; ellos también, y todos nos llevábamos muy bien.

La uniformidad es la leyenda que se lee en el cartel que a lo lejos cuelga en la meta, a donde estos gilipollas, con sus dañinas cursilerías, nos quieren llevar a "cornadas" judicializadas, queramos o no.

O mucho me equivoco o, más pronto que tarde los españoles, españolas y españolines/inas, acabaremos vestidos a la "línea Mao" 

y con su estrellada característica gorrilla. 

¡Ojo al parche! Aquí tenéis con que meditar:


Eloy R. Mirayo.



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