lunes, 30 de julio de 2018

DEUDA SIN RETORNO.

La deuda de España, tanto la privada como la pública, parece no preocupar demasiado a las autoridades monetarias, a pesar de que ya nos están acercando demasiado a lo que se conoce como "deuda sin retorno". 

Es lo que van a heredar nuestros hijos y los hijos de los hijos de nuestros hijos. ¿Es para estar orgullosos? Está claro que no. Pero la verdad es que soportar esa grandísima deuda es algo, repito, que no preocupa a nadie; a los del gobierno, porque tirándose los pedos más altos que el culo, no hacen nada por rebajarla, y las empresas privadas, igual. 

¿Los intereses que va creando? ¡no pasa ná! Se carga en los impuesto o se crean unos cuantos nuevos en el supuesto de los políticos, y se enchufan en los costos industriales los empresarios, y la cosa continúa.

Lo cierto es que los únicos que tenemos conocimiento exacto del valor del dinero; de lo doloroso que resulta acercarse a él y apenas llegar a rozarle, somos los que no lo poseemos; los que cada día nos levantamos de la cama con la tarea de conseguir honradamente el necesario para hacer frente a nuestras obligaciones y, con el resto, tratar de seguir sobreviviendo. 

Tarea muy ruda, a la vez que engañosa. Parece que tienes algo y, a la segunda vez que miras, tienes las manos vacías.

En estos días estamos asistiendo en toda España, como brote principal en Cataluña, el problema que los políticos han creado al gremio del taxi, permitiendo sin la menor preocupación por el futuro, la aparición de empresas de lo que han dado en denominar "alquiler de coche con conductor". La avaricia de las administraciones -coger pasta como sea- ha zarandeado la colmena y el enjambre de laboriosas abejas, se ha visto obligado a utilizar la mediada que tanto identifica al Sistema: la huelga. En este caso tan razonable, que los taxistas de toda España, se han unido para defender, no sólo sus derechos, que también las leyes promulgadas por el Gobierno: treinta licencias de Taxi, por una licencia de vehículo de alquiler con chófer.

Pero eso los españoles ya lo teníamos asumido, cuando los mismos políticos que en principio no dieron licencias para instalarse dentro de las ciudades a las grandes superficies comerciales -solo Dios debe saber a qué intereses se servían- pasando un tiempo "prudencial", le abrieron de par en par las puertas; lo que fue el certificado de defunción de infinidad de pequeños honrados comerciantes y el desmantelamiento de muchos cientos de miles de puestos de trabajo. Eso es lo que no tardando mucho, si no es que se hace cumplir las normas ya establecidas, puede ocurrir con los taxistas.

Lo que es una desgracia es, las fotos y tomas de algunos sucesos desproporcionados contra los vehículos en conflicto, sus conductores y, lo más negativo, el trato a los viajeros que iban dentro del vehículo. La organización debe estar vigilante de que eso no suceda, porque siempre habrá un cámara de televisión o un fotógrafo que lo inmortalice. Y siempre habrá un periodista que lo magnifique.

Yo no estoy a favor de la huelga por la razón que siempre pagamos los más débiles; los que no podemos joder al personal, por mucho que la situación nos este jodiendo a nosotros. Pero no es esa mi reacción contra esa medida. 

Mi razón principal es que todos pagamos un "güevo", para que se nos gobierne honradamente; bien y con tino. 

Pagamos un "güevo", para que quienes han luchado por alcanzar a cualquier precio los puestos de gobierno, nos libren de los problemas que la convivencia pueda llegar a crearnos y no para hacernos más penosa la vida expeliendo sobre nuestra chepa problemas hasta ahogarnos en ellos, que es el camino por el que nos llevan.

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Mi querido y admirado Rafael Estremera y mis respetados amigos y camaradas: a punto de comenzar las vacaciones; con los pies en los tacos 

para salir corriendo, os mando un cariñoso adiós ¡hasta la vuelta! Siempre contando con la Divina Providencia.

Eloy R. Mirayo.


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