miércoles, 19 de julio de 2017

SOLAMENTE LOS COBARDES SE ALÍAN CON LA MUERTE.

La noticia de la extraña muerte, como consecuencia de haber recibido un tiro en el pecho, de quién fuera presidente de Caja Madrid don Miguel Blesa, 

llevará a mucha gente a asegurar que el suceso es "castigo de Dios".  Por su participación en el caso ante la justicia, del asunto en torno a Caja Madrid y las "tarjetas Black", 

y  eso lo dirán, lo que no deja de tener gracia, hasta quienes presumen de creencias cristianas; acusando, pienso yo, de forma pecaminosa a Dios, de ser un severo justiciero y  vengativo, en vez ser infinitamente Bueno, Sabio y Poderoso, que es como le vemos muchos, que sin duda no estamos errados.

Que todos tendremos el castigo correspondiente a nuestros pecados, pecadillos o pecadazos, no puede quedarnos la menor duda y, por eso debemos todos ponernos en manos de la misericordia de nuestro clemente Juez Supremo.

Y, en cuanto al fallecimiento del señor Blesa, si es que se ha producido por suicidio, por la posibilidad de entrar en presidio, y por el deterioro de su persona en la sociedad de este país, me produce aún más rechazo hacia su persona, que la comisión de los delitos de los que se le acusaba.

Solamente los cobardes se alían con la muerte, para salir de dificultades, por gordas que sean. 

Lo se con conocimiento de causa, por haberlo vivido en carne próxima, y en carne propia. Yo soy hijo de Rufino Mirayo Cano, de lo que me siento muy orgulloso, no sólo porque fuera mi padre, sino porque con su valiente actitud ante las grandes dificultades, enfrentándose a ellas; jamás tiró la toalla, y nunca se propuso coger el camino fácil de desaparecer, de quitarse la vida; fue capaz, dejando en el empeño la salud, de sacarnos a su familia adelante.

En los primeros años 40 del pasado siglo, con las dificultades lógicas de la recién terminada guerra civil, después de haber puesto en buena marcha el negocio familiar, se vio en el paro, sin dinero para mantener a su familia: mujer, cuatro hijos (el mayor con 9 años y el menor de pocos meses), y una anciana tía política y, una situación psicológica personal próxima a la -permítaseme- locura. 

Como un gladiador, 

de escasa presencia física, pero de enorme fuerza mental y sentido de la responsabilidad con las obligaciones adquiridas (su familia), luchó muy duro venciendo mil y una vez a la adversidad, luchador en solitario -hasta que los hijos tuvimos edad para luchar a su lado- durante toda su vida y al morir, nos dejó a sus cinco hijos, un negocio propio, un apellido, Mirayo, honorable, acreditado y honesto en lo profesional, y decente en su función comercial.

Nunca admitiré, bajo ningún aspecto, el suicidio como una buena opción para solucionar las dificultades, porque tengo comprobado (he conocido el hambre, he usado zapatos con agujeros en las suelas, que tapaba como podía con cartones, he acompañado a mi madre a comprar comida a fiado, he visto cómo nos precintaban la luz por falta de pago, he ayudado a torear a acreedores que después fueron debidamente satisfechos cobrando) que con el uso de la inteligencia, como combustible del tesón, y con la ayuda de Dios, siempre se sale adelante y, quizás más pronto, si es que no somos demasiado exigentes.

Eloy R. Mirayo.

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