martes, 4 de julio de 2017

¡SEGURIDAD!

Es una declaración de malas intenciones que, no se por qué cojones, no tiene como respuesta que ya es clamor, de la aplicación de las leyes vigentes, por parte del Gobierno, avalado por las resoluciones de los tribunales, Supremo y Constitucional.

El que el Jefe de Estado este desnudo de poder ejecutivo, no debería ser óbice para que, de alguna manera reprendiese adecuadamente a quienes atentan contra la unidad territorial, al tiempo que también animase al Gobierno para que encuentre las fórmulas de aplicar su legítima autoridad.

Los habitantes de este país y yo, que aquí continuo exiliado, estamos necesitados de escuchar por boca de las más altas personalidades del Estado y del Gobierno, 

las medidas correctoras que ya, sin más dilación, se van a poner en marcha, y también los nombres de los establecimientos penitenciarios donde aquel enjambre de golfos que están arruinando y contaminando a Cataluña, irán a parar con sus apestosos huesos, durante unos cuantos años.

La tibieza que se ha venido aplicando a tan grave asunto está dando alas a algunos gilipollas, con ánimo de llegar a ser tan hijos de puta como los de "allí arriba", para alzar voces exigiendo la separación del Estado, desde Andalucía, las Islas Canarias, y hasta de su micropiso, el vecino de la izquierda del descansillo de mi casa del barrio de San Blas, que es donde vivo la mar de a gusto, a pesar del gobierno, como dice el profesor Carlos Rodríguez Brum.


Para que los políticos de un país puedan recoger la satisfacción de haber logrado el éxito con su gobierno, una de las primeras piedras del edificio es crear la sensación en sus gobernados de que viven en un estado de seguridad real.

De seguridad, hasta donde es posible llegar, absoluta en toda la expresión de la palabra, y en toda su extensión.

El ciudadano normal rinde adecuadamente cuando sabe que los únicos problemas que tiene son los problemas profesionales, familiares o de convivencia vecinal, que en su mano está resolverlos y, en último lugar, siempre obtendrá el auspicio de la Justicia, si tiene razón, o la sanción si carece de ella. Un ciudadano normal no puede estar pensando, ocupado y preocupado por asuntos que claramente no le afectan, como por ejemplo, las peleas a navaja cabritera por hacerse con el poder interno de los partidos políticos. 

Más preocupa a varios millones de catalanes la incertidumbre que están viviendo, que las discusiones entre jueces por alcanzar un puesto más alto en su escalafón o si a un ministro le han colocado unas escuchas en su despacho. Y a todos nos alegra más ver que 

Seguridad sanitaria, seguridad laboral, seguridad judicial, seguridad física, seguridad de los bienes !coño, SEGURIDAD!.

Eloy R. Mirayo.

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