lunes, 24 de julio de 2017

CONTENTOS Y FELICES.

Nos dicen que debemos estar contentos y felices porque, gracias al régimen democrático por el que se nos gobierna de maravilla, hemos entrado como país a formar como miembro de todo derecho, en la Comunidad Económica Europea ¡Hip, Hip, hurra! ¿A qué esperamos para salir en gozosa manifestación?.

Eso nos lo dicen todo orgullosos nuestros políticos y políticas al cumplirse treinta años desde la firma del salvador y benéfico tratado de adhesión.

Se necesita ser cínicos y cínicas para celebrar a bombo y platillo nuestra pertenencia a tan ilustrísimo club, cuando desde la fecha del espaldarazo, 1985, hasta el día de hoy, lo único que se ha logrado es negativo: la tasa de desempleo está por encima de la de entonces en más de un punto, sin contar la larguísima cifra de prejubilados, en lo que este país es primera potencia desde que se hizo unionista, y el nivel de endeudamiento para pagar el falso lujo y boato en el que vive la oficialidad de este país (en castillos y palacios)


ha pasado del, aproximado 30% del PIB, al 99% con el que estamos empeñados hasta el cuello, eso sin contar con la enorme pérdida que se ha producido en el tejido industrial, y la pérdida irrecuperable del mercado internacional.


No debe ser muy reconfortante para los habitantes de las muy apreciadas provincias vascongadas ver cómo su tejido industrial se ha ido deteriorando desde aquella infausta fecha, 1985, al punto de que hoy, se está luchando con poco éxito por recuperar el viejo esplendor. Y en el mismo caso se encuentra lo que se creó en tiempos del Caudillo, los polos de desarrollo de Asturias, Galicia, Cataluña y Madrid.

Hasta este punto solo me he referido, por no cansar, a las consecuencias derivadas (insisto, no de todas) de la adhesión de este país a la Comunidad Económica Europea entre los años de 1985 a 2017 , que es el periodo de tiempo que los imbéciles de este país ha dado en llamar "periodo histórico", como si la historia de este país empezara en ellos, grandes hacedores. Aunque es muy probable que sí acabe por ellos.

Jamás se ha visto, ni se volverá a ver en la historia mundial, que un país, recién salido de una guerra intestina, que apenas sabía que existía algo a lo que por el Mundo se le decía Industria, llegara a encaramarse al noveno puesto de los países más industrializados, codeándose con los países más desarrollados. 

Claro que, como siempre, aparecen los gilipollas que buscan la forma de desacreditar lo hecho, porque ellos son incapaces de hacer nada, como nos vienen demostrando día a día durante estos últimos cuarenta años.

Si prestamos atención al gráfico veremos que en 1975 el paro en España era del 3,7% y la deuda española en esas mismas fechas, era de 7,3% del PBI.

Pero eso era porque el petróleo estaba barato; igual que para cualquier otro país comprador. O por qué llegaron inversiones extranjeras; sería porque el país era serio con sus obligaciones. Ahora lo que es serio es lo que debemos todos los que habitamos en este país, aunque uno sea extranjero como yo, que soy español.

Eloy R. Mirayo.

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