viernes, 23 de junio de 2017

LUMINARIAS.

Una de las grandes cosas de la Democracia es su facilidad para crear luminarias que la iluminen y le den brillo: Konrad Adenauer; Margaret Thatcher; Helmun Koll; Ángela Merkel y ahora, cuando empieza a deslucirse la imagen de la rocosa primera dama alemana, aparece refulgente a cien, el recientemente elegido Presidente de la Republica Francesa, monsieur Emmanuel Macron.

Haciendo un somero estudio tomándoles como modelos a frau Ángela y a él, monsieur Emmanuel, 

se entiende perfectamente que a la Democracia europea le da lo mismo el modelo de la bujía, esférica o achatada, siempre que la luz que emitan le siga proporcionando la misma intensidad de brillo.

Como si hubiera intervenido el mismo cielo, en el momento más difícil porque la casi totalidad de los países miembros de la Comunidad Europea andaban a tal y media manta, lo que podría desestabilizar hasta hundir el Mercado Común, como consecuencia de la  madre de todas las crisis, frau Ángela encabezó la marcha (como hacen algunos políticos y políticas de este país, tras la pancarta del orgullo gay, para cosechar votos, o para conseguir ligues) y emulando al famoso flautista de Hamelin, 

ella sin flauta, claro, -probable que no la sepa soplar- pero con el Banco Central Europeo como camión de avituallamiento y el reparto por su férrea mano de algunas recetas, la mayoría de los países de la Unión, han podido solventar el problema.

Ahora por lo que parece, monsieur Macron es la delicada luciérnaga que como la "Campanilla" de Peter Pan, va echando polvos (¡luminosos!) sobre las cabezas de todos los líderes comunitarios ya, con mejor careto, al abrírseles mejores perspectivas.

El asunto es que ese somero repaso que yo, únicamente estoy capacitado para hacer, me parece que ambos son diferentes (he comprobado por las fotos que son una mujer y un hombre ¡jo!); que ella es energía y resolución, mientras él es delicadeza y reflexión. Ella y él son dos botones de muestra de dos diferentes formas de ser educados. Frau Ángela Merkel, se produce, al menos en apariencia, con el rigor de haber recibido un educación politizada muy rígida. Los movimientos de su cuerpo y extremidades parecen medidos milimétricamente para ahorrar esfuerzos innecesarios, lo mismo que su discurso facial que resulta excesivamente serio. Características de la educación que se impartía en los países comunistas.

Monsieur Macrom, como contraste, parece ser un hombre desinhibido; un personaje absolutamente relajado; alguien a quien los problemas no le agobian, porque si él no es capaz de resolverlos, alguien de su cercanía los resolverá. Se le adivina la suerte haber recibido una educación de largo recorrido; educación que quizás continúe funcionando pues, como es sabido, está casado con quien fue su profesora de secundaria, veinticinco años mayor que el. ¿Quién será el presiente en el Eliseo?

Eloy R. Mirayo.

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