martes, 27 de junio de 2017

LA MADRE DE TODOS LOS FIESTONES.

Simposios, exposiciones, conciertos, debates sobre hipotéticos derechos no respetados, reuniones internacionales de trabajos sobre el trato a la homosexualidad en la sociedad hetero... ¡Mentira jodia! 

Esas son argucias que usan en la "plana mayor de la internacional rosita" para tapar el hecho indiscutible que es, juntar una riada humana en un punto geométrico dúctil y dócil a cuanto viene de fuera, como es este país pos Pirineos, como muestra de fuerza y poder de convocatoria que si en estos días se manifiesta en forma de mariconas y tortilleras, venidas de los cuatro puntos cardinales del planeta, para darse junto con los autóctonos, que no es moco de pavo, y entre nosotros, la madre de todos los fiestones. Hombres con hombres 

y mujeres con mujeres, por las calles de esta capital, comiéndose las lenguas sin que se les escape una gota.

El día del "orgullo gay" más importante de cuantos  se celebran en el Mundo, es el que se celebra aquí, en la capital de este país en el que sigo exiliado, que tiene el "orgulloso título" de ser ¡estatal!.

A lo largo de mis años vividos que, aunque dicen que son muchos, espero que sean algunos más, he tenido amistad con personas homosexuales de ambos sexos. Personas de orientación sexual distinta a la mía; personas que por supuesto, jamás se expresaron así:

porque, como decía mi buen amigo Juan (homosexual), persona encantadora que fue profesor de Literatura, cuando raramente salía el tema en nuestras frecuentes conversaciones una cosa es ser homo, y otra muy distinta es ser una maricona o un machorro, en el caso de ellas.

Admitiendo a regañadientes, y no en su totalidad, que la marcha del próximo sábado sea reivindicando respeto a sus peculiaridades, lo que verdaderamente resulta extraño es que entre los marchantes, van quienes solicitan respeto pero no respetan los sentimientos religiosos, de quienes los tenemos. 

Nadie que se considere inteligente puede dudar en reconocer que independientemente de las prácticas sexuales, que cada cual las disfruta a su manera, todos los seres humanos han de tener reconocidos sus derechos, de la misma manera que los tienen los demás; pero lo que nunca se pueda exigir, porque no es de razón, es que se reconozca como derecho, lo que simplemente es una opción personal, que a nadie se le obliga a ejercer contra su voluntad, como es por ejemplo, el matrimonio, ya civil como canónico; matrimonio que tan ligeramente, para parejas del mismo género, ha respaldado el Tribunal Constitucional. 

No se comprende que para preservar, devolver u otorgar unos derechos, se haga de manera dictatorial, fuera de justicia.

Eloy R. Mirayo.

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