martes, 6 de junio de 2017

LA FUENTE DE LA FELICIDAD.

Los políticos son una extraña clase de individuos amaestrados,

sabe dios por qué clase de dioses del mal, para crear toda clase de problemas, pero incapacitados para hallar soluciones. 

A los políticos europeos, no podría ser de otra manera, se les ocurrió la luminosa idea de crear el gran problema: El Mercado Común. 

El padre de todos los problemas; fábrica incansable dedicada al empleo de expendedor de problemas a troche y moche que, ya que de allí (santuario democrático)

salen, deberían ser resueltos por mecanismos de la política comunitaria; pero, como los políticos son seres incapacitados para ese menester, 

con la estúpida lógica que les caracteriza, terminan cubriéndolos con una manta chapucera que si el personal y el gentío raso quiere taparse la cabeza con ella, se deja el culo al aire.

Para eso sí que están preparados, doctorados en chapuzas y chalaneo.

Los políticos fueron quienes decidieron, por sus santísimos, borrar las frontera que limitaba y daba seguridad a los países, como si con ello se alcanzara el milagro de unir a todos los habitantes de la Unión, en una única nacionalidad. Una hermosura ¿a que sí?. Con lo que no contó el imbécil al que se le ocurrió la chorrada, es que de esa manera el trasvase de la vagancia y la delincuencia de todo tipo, tendría mayor comodidad para sus delincuenciales movimientos. 

Y no contentos con tan luminosa idea, los jodidos políticos, en vez de crear desde sus propias competencias la posibilidad de, bajando la presión fiscal, (40% del PIB) abaratar costos de fabricación y distribución, se dedicaron a conceder carta de trabajo y nacionalidad a inmigrantes árabes, asiáticos y procedentes de los países que estuvieron bajo la bota del comunismo, mientras las listas del paro les crecían a base de los trabajadores autóctonos, a los que chapuceramente se les "remedia" con una pequeña limosna, que jamás saldrá de su salario, a toda luz mal ganado.

Para la extraña fauna de la que se compone la política europea (y la mundial con "posibles"), todo se soluciona con dinero. Pagando o cobrando. 

Pagando a la hora de comprar voluntades políticas para llegar o estabilizarse en la poltrona del máximo poder, y cobrando por sanciones e impuestos en vez de buscar soluciones a fallos propios (por ejemplo) que crean las ajenas acciones sancionables. 

En la interpretación de ese dueto, el político hábil, siempre halla la fuente de la felicidad.

Eloy R. Mirayo.

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