miércoles, 21 de junio de 2017

LA ASQUEROSIDAD DE SUS BABAS.

Me cuentan que varios diputados, al despedirse unos de otros, entre grandes risotadas se dijeron jocosamente: "hasta mañana, cuidaos". "Si; hasta mañana, y no os cuidéis que no hacéis puñetera falta". Así fue la despedida de fin de semana entre un grupo del PSOE y unos cuantos de esos de Podemos.

Si la corta conversación es cierta, y no una maledicencia vertida por lengua viperina, sería una indiscutible evidencia de que los comunistas solo dicen la verdad cuando piensan que no les ve nadie.

Lo cierto es que el sistema, como código de actuación, ha establecido la mentira y la ocultación de la verdad -que aunque parece lo mismo, no lo es-, como una de sus malvadas protecciones.

Los padres de la Constitución y de esta Democaca establecieron de entrada, en la escena política del país este, un funcionamiento ucrónico, del que cada quien pudiera reconstruir la historia -preferentemente la de los Cuarenta Años de Paz- sobre los hipotéticos datos que se quisieran establecer, pero sin salirse del principio cuidadosamente establecido de "lo políticamente correcto".

Y ¿qué es lo políticamente correcto? -habrá quien inocentemente se pregunte -. Lo oficial que marca la corrección política es el establecimiento de una hipótesis falsa, haciéndola pasar por verdadera como base de una presunta aséptica investigación, que pueda confirmar o negar al antojo personal o a los intereses de grupo, la existencia de, por poner un ejemplo, los montes Pirineos, que nos separan de Francia, o la existencia de Dios. 

Así, con el uso indiscriminado de una suposición caprichosa, una acción positiva para la mayoría de la sociedad llevada a cabo por alguien, vivo o muerto, a quien se le quiere denigrar, puede ser expuesta al público deformada como acción maligna, avalada con la etiqueta de un concienzudo trabajo científico, que demuestra con claridad cristalina como aquella supuesta buena acción, es en realidad acción muy perjudicial e injusta por dictatorial.

Ucronía fue lo que se utilizó para demoler El INI (Instituto Nacional de Industria) 

privatizando unas empresas nacionales y mal vendiendo el resto, porque todo ese conjunto resultaba oneroso para la economía nacional. 

Claro que hubo quien, "con el movimiento de aquel nogal, supieron, democaquitamente recoger la cosecha de nueces". 

La misma partitura ucrónica interpretaron para restar importancia tildándoles de monstruosidades ingobernables por obsoletos, a los grandes hospitales levantados durante aquellos cuarenta años en los que existía un Jefe de Estado, Francisco Franco, preocupado y ocupado, al que ahora, a buenas horas, andan aplicando con odio sarraceno una falsa hipótesis, separándole de su obra, al tiempo que esconden cuantas cosas se hicieron bien, acusándole de cuantas gilipolleces se les ocurre, que son muchas.

Y, aún con la trompeta más abollada que la de un titiritero, siguen machacando ucrónicamente con los restos humanos de quienes murieron en ambos frentes durante la guerra civil -de liberación del comunismo- inhumados en La Cruz de los Caídos, en el valle de Cuelgamuros. Lo que se hizo como símbolo de reconciliación, lo han ensuciado, como los caracoles, con la asquerosidad de sus babas.

Eloy R. Mirayo.

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