martes, 16 de mayo de 2017

LA RESPONSABILIDAD ES DE LA LEGISLACIÓN.

No es cierto, aunque así parezca, que la Justicia en su función esté fallando en este país; salvo una minoría inapreciable, no es ni la Justicia ni los jueces los "malos"; 

quienes tienen toda la responsabilidad de que la totalidad de la variada delincuencia establecida se pasee por la calle con absoluta impunidad, es de la legislación emanada del sistema político actual.

Como todos debemos saber, con muy pequeño margen de autonomía, los jueces han de ceñirse a las leyes que a los legisladores se les haya ocurrido promulgar, sean sensatas o tan insensatas como las que en este país, y en este momento, permiten que delincuentes peligrosos con varias decenas de asuntos pendientes con la Justicia, se maten a tiros por las calles de cualquiera de nuestras ciudades.

La inseguridad de vidas y haciendas de los que habitamos en este país, que no somos políticos, es tan cierta, como que a la luz del día, nublado o soleado, le sigue la oscuridad de la noche.

Este prenda es el " niño Sáenz", uno de los más peligrosos forajidos del país. Más de 22 delitos a sus espaldas, además de dedicarse a robar a los narcotraficantes las sustancias alucinógenas, que después ponía en el despreciable "mercado".

Por el modelo judicial impuesto por la vigente política, este delincuente no ha sido reducido por las Fuerzas del Orden Público, ni recluido en un establecimiento carcelario por los jueces y fiscales, sino abatido a tiro limpio por otro dañino forajido, 

de los muchos que como él -paseaba tan tranquilo por el barrio de La Latina- viven plácida y lujosamente del tráfico de la droga, de reventar establecimientos comerciales o de cualquiera de los muchos modelos de delincuencia conocida, y con infinita capacidad para inventar.

Un rápido e incompleto curriculum delictivo nos entera de que esta perla, en vida, se movía por todo el territorio nacional, en la isla de Ibiza le metió mano a unos cuantos establecimientos de copas y restauración, en San Sebastián aligeró un almacén de tabaco; en Málaga, el depósito judicial del que sustrajo 120 kilos de coca, varios establecimientos, entre ellos unos cuantos de joyería 

(es muy posible que entre ellos estuviera el taller de joyería de mis hermanos). Este, insisto, es un pequeño resumen de su larga y nutrida carrera delictiva. 

El, gracias a Dios, difunto Niño Sáenz nos dicen que fue detenido por última vez en octubre de 2015, cuando intentaba robar un coche de alta gama en el madrileño barrio de Sanchinarro.

Pero que nadie baje la guardia porque además de este difunto abatido, hay un pegote de esos -entre otros los miembros de su banda- que, hasta que como a los cerdos les llegue su San Martín, nos seguirán jodiendo, con la "presunta" tácita aquiescencia de la clase política-democaquita.

No puedo cerrar el ordenador sin señalar alguna de las formas (nada más que tres) de expresión de la hijoputez. Puede ser en la forma de un amigo que le quita la novia a otro o, el muy hijo de puta se acuesta con su ya mujer; un hijo de puta que, como jefe de una empresa, sin motivo que lo justifique, pone en la calle a un asalariado; o un hijo/a de puta de alcalde/sa que haciendo mal uso de la propiedad de todos los habitantes del municipio, sin su democrático consentimiento, cede un local a un pedazo de cabrón separatista, que se propone segregar una región del resto de las regiones que conforman el país.

Eloy R. Mirayo.

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