miércoles, 24 de mayo de 2017

ESTRATEGIA BENEFICIOSA.

Mi abuela Leonor cuando estábamos veraneando en Galapagar (para quien no lo conozca diré que es un pueblo de la serranía madrileña), nos advertía de lo peligroso que es meter la mano en un avispero. Es cierto; meter la mano en un avispero es peligroso porque las avispas, con su aguijón envenenado, son implacables en la persecución del intruso que, si es alcanzado, hasta mortal puede resultar el ataque.

Nadie o muy pocos son los que hacen caso de advertencia tan sabia y ese es el motivo por el que desgraciadamente estamos sufriendo tan dolorosas consecuencias.

Occidente, y alguna de sus adherencias, llevan siglos metiendo la mano en todos los avisperos que se han encontrado por el camino, mundo adelante y, hasta ahora, se había tenido la suerte de no despertar totalmente al insecto himenóptero. Pero como el que no respeta los cambios de rasante en las carreteras, al final ocurre el desastre. 

No se trata de reconocer como derecho el asesinato en masa e indiscriminado, en la totalidad de los actos terroristas, contra personas inocentes como decíamos ayer.

La insistencia de países como los Estados Unidos, Inglaterra, Rusia, Francia y hasta España, en meterse en asuntos ajenos (Afganistán, Egipto, Libia, Irak, Siria) como si hubieran sido nombrados los guardianes del Paraíso, es posible que haya sido la gota que colma el vaso de la mala leche.

Hoy las batallas, como todos sabemos, han sufrido un cambiado muy notorio. Aquello de citarse en un llano dos ejércitos y, con toda elegancia y respeto a las formas, matarse a lanzadas y espadazos, solo se ve en películas como Robin de los Bosques.

Las tecnologías más avanzadas; los ingenios más devastadores y las armas más sofisticadas que son las herramientas más persuasivas, están en manos de los países más desarrollados; pero don Luis Rodríguez, mi último profesor, nos decía que el peor de los enemigos que un humano puede tener en esta vida, es un enemigo árabe (o similar).

Y si mal se ha hecho por parte de los políticos metiendo la nariz donde no se les llamó, peor ha sido abrir la puerta de par en par a quienes podrían sentirse dignificados, como si cayera del mismísimo Cielo. Ahora es el momento de hallar soluciones que remansen las aguas tan revueltas. Este país en el que estoy exiliado, con el feo asunto de ETA, encontró la solución entregando a los terroristas todo aquello que pidieron; tal vez esa estrategia también sea beneficiosa en este caso.

Eloy R. Mirayo.

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