jueves, 6 de abril de 2017

UN FUERTE HEDOR A TRAICIÓN.

Tenemos, las personas decentes y respetuosas hasta dar asco, que estar despreocupadas, contentas y satisfechas.

Eso es lo quieren hacernos creer los políticos salivillas, por el motivo de que los zurrapas de calzoncillos añejos; los escurriduras de burdel puerco de puerto, que son los últimos asesinos de ETA, han decidido entregar las armas y explosivos que aún les quedan.

A nosotros, las personas decentes y respetuosas, hasta dar asco, nos gritan al oído, ¡¡¡Es el triunfo de la Democracia!!! 

Esa es la  canción que a coro desafinado están cantando todos los políticos por emisoras de radio y platós de televisiones, con la lógica exclusión de los que por ideología y estrategia, siempre se han mostrado entre sí simpáticos y comprensivos.

ETA ha asesinado a 38 políticos desde 1968, a 22 de ellos en los últimos trece años. No deja de ser extraño que ninguno de esos políticos asesinados perteneciera al Partido Comunista ni a Izquierda Unida.

Nadie puede estar descontento por la presunta desaparición -escribo presunta porque, ante los beneficios alcanzados por el conglomerado etarra, en la política oficial de las provincias Vascongadas, nadie pude asegurar que no vuelva, cuando pierdan lo conseguido- del asesinato y la extorsión. 

Los políticos españoles, como los deportistas mediocres, están tan contentos por estar en el tercer cajón del podio; por detrás del vencedor, Herri Batasuna y del segundo, el nacionalismo vasco. 

A la función teatral de la "entrega de medallas" deberían exigir la asistencia con frac y chistera, como en las representaciones de gran gala en el Teatro Chino de Manolita Chen. 

Lo cierto es que quien recibiera las armas y la renuncia a la violencia deberían ser miembros de los cuerpos de seguridad, Policía y Guardia Civil que, una vez realizado el acto, detuvieran a esos terroristas, y les pusieran en manos de la Justicia.

Los políticos, por mucho que lo intenten, no nos van a convencer, porque estamos de vuelta de sus intenciones. Les tenemos bien calados.

Ellos no está por la labor de sacarles a los asesinos etarras, la satisfacción que de ley le deben a las víctimas de los atentados, a sus familiares y al resto de los españoles, sino por relumbrar fuerte, para que sus nombres se reflejen en los futuros libros de historia. Al fin lo han conseguido, aunque hay quien dice que, desde los tiempos de Adolfo Suárez, este asunto no ha dejado de emitir un fuerte hedor a traición.

Hasta yo, infff, infff, que tengo la nariz taponada por el constipado que no logro soltar, lo percibo. Si, si; lo percibo ¡lo estoy percibiendo!.

Eloy R. Mirayo.

Yo, como el tonto de la tiza, sigo solicitando y hasta rogando con lagrimones en los ojos tan grandes como uvas de Almería, que alguien baile (y me lo haga saber) por mi, unas sevillanas en el Real de la Feria. Si no lo hago yo es porque me es imposible estar en Sevilla por esas fechas.

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