lunes, 24 de abril de 2017

A LA BESTIALIDAD EXTREMA, PENA DE MUERTE.

El gimoteo clásico femenino al que me refería el viernes pasado (lejos de intenciones machistas), es el que suelen emplear muchas mujeres para conseguir algo de nosotros, los pobrecitos hombres, que en principio no estábamos dispuesto a conceder, o cuando entre jipío y jipío, después de darnos la "patá charlot" en mitad de nuestros sentimientos amatorios -porque ya tienen recambio-, con voz entrecortada, pero muy medidamente angelical, 

nos proponen pasar a ser buenos amigos para siempre, pues "el amor que nos teníamos, se ha roto de tanto usarlo" (¡qué cursilada!). Y se van alejando de nosotros, cantando aquella rumba de Los Manolos:

Amigos para siempre
Means you'll always be my friend
Amics per sempre
Means a love that cannot end
Friends for life not just a summer or a spring
Amigos para siempre.

Esto a mi jamás me ha sucedido porque como ya he dicho más de una vez, nací siendo novio de la misma mujer con la que estoy casado desde hace... ¿Tanto? Pues parece que fue ayer; palabrita del Niño Jesús.

No hace falta decir que lo escrito es puritita broma, después de Dios, es la MUJER, madre y esposa, compañera de fatigas, quien más merece mi respeto y admiración; no porque yo les haga la merced, sino porque de entrada todas ellas indiscutiblemente lo merecen.  

Demostrado esta que, muy necio se ha de ser 

para no reconocer que ni física ni intelectualmente la mujer es inferior al hombre. Habrá, cómo no, quienes sigan pensando que la mujer es el sexo débil, de los que componen la humanidad, porque son tan simples que hacen su evaluación tomando como parámetro la fuerza física; la fuerza bruta, sin ciencia.

Sin necesidad de agarrarse a los enjundiosos estudios realizados por personas eruditas, sólo recordando a nuestras madres entonces, y viendo ahora nuestras mujeres, el empleo de su fuerza, no levantando piedras; cortando troncos; o arrastrando camiones, cosa que para poco sirve, sino que, además de  demostrarlo en cualquier trabajo fuera del hogar que requiera dedicación y resistencia física, también en la atención familiar lo muestran en todo su amplísimo abanico, su fuerza amable; su fuerza cálida y suave; su fuerza que crea vida. Es la mejor y más productiva de las fuerzas. Es lo que veo a diario en mi casa.

Eso no me impide creer que la discriminación positiva que la Justicia de este país se ha sacado de las mangas de sus togas para castigar el maltrato, es algo que con una justicia normal habría sido suficiente. Cuando la justicia discrimina favorablemente a las mujeres, está discriminando negativamente a los hombres; esa figura jurídica es algo muy cercano a la prevaricación. 

Y pudiera ser que en muchos de los casos de "violencia machista" que se están produciendo, esa discriminación positiva, sea su maldito germen; el chispazo (nada justifica el asesinato) de la bestialidad sin freno.

Esto no es que lo diga yo; también lo dicen -o lo han dicho antes- muchas personas inteligentes del mundo del Derecho.

La cosa es así, como yo la veo: a la bestialidad extrema, pena de muerte.

Eloy R. Mirayo.

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