miércoles, 23 de noviembre de 2016

POR SUS OBRAS LOS CONOCERÉIS.

Lo único absolutamente cierto que se sabe de doña Rita Barberá, y posiblemente hasta con certificación oficial es, que ha fallecido de infarto cardiaco.

A partir de ese trágico -sobre todo para ella- suceso, ha empezado el movimiento de personas que, ahora, rompen su silencio -quien sabe si cobarde durante los últimos tiempos- y loan su trayectoria política al frente del Ayuntamiento de la ciudad de Valencia. Otros, los payasos grotescos y groseros, instalan su "carpa" desde donde lanzan y elaboran sus payasadas, que son las payasadas de siempre y de todas las formas y maneras: la entrega de los volúmenes de "Juego de Tronos" a don Felipe IV; 

El tema del hijo de la fea de Podemos en el Congreso de los diputados

y, por no alargarme, los asientos vacíos del revoltijo comunista durante el minuto de silencio por el fallecimiento de la señora Barberá.

"Por sus obras los conoceréis". Lo dijo Jesús, según los Evangelios, para darnos un criterio que nos ayude a distinguir entre los verdaderos y los falsos profetas… 

Trasladado a estos días, el mensaje sigue siendo vigente; por sus obras podemos separar a buenos de malos; a inteligentes de idiotas; a personas decentes de personas indecentes... Y así, hasta distinguir con claridad a personas íntegras, de aquellos que son y actúan como auténticos hijos de puta, pata negra.

Decía mi abuela Leonor que "el piojo que ha sido liendre pica que enciende". 
Yo, -que soy una persona decente- como es fácil imaginar, estoy lo suficientemente alejado de la política como para, además de seguir "limpio" 


mi currículum económico, no tener ni la más puñetera idea del funcionamiento de los entresijos de los partidos políticos de esta Democaca; quiero decir que no me llega más información que la que todos podemos recoger de los medios de información. Pero, teniendo en cuenta la cantidad de sinvergüenzas que viven atrincherados en esos medios, lo conveniente es, en casos como el que afectaba a la señora Barberá, antes de acusarla, esperar a la sentencia de la Justicia. Con ello intento decir que ante la circunstancia de su fallecimiento, todos los políticos (que como institución no es para sentirse orgullosos de serlo, por su media) es que se hubieran comportado todos los diputados sin excepción, sencillamente, como las personas normales y no como

por costumbre hacen los de Podemos.

Yo lo que deseo es que doña Rita descanse en Paz.

Eloy R. Mirayo.

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