viernes, 25 de noviembre de 2016

HABILIDAD INEXTINGUIBLE.

Lo que uno exige a los demás, es lo que uno se debe exigir a sí mismo. Reconozco que es fácil hacer crítica a los demás -tan fácil que hasta yo lo practico- pero, para ser honesto el crítico, ha de estar dispuesto en todo momento a practicar la autocrítica. Y eso es lo que en estos momentos me propongo cumplir.

Hoy entono el

mea culpa por haber estado confundido en cuanto a creer que la sociedad de este país estaba dividida en dos clases muy diferentes, aunque después, ambas clases fueran capaces de dividirse, como la

 
"muñeca rusa" en otras variadas subclases. Y así lo hago porque no me duelen prendas (a excepción hecha de unos calzoncillos que me compró pequeños de talla Julita, mi mujer, para quien no lo sepa, que cuando los uso martirizan


"mis íntimas cositas") aceptar mis errores. Es una gran equivocación pensar que esas dos clases se reconocerían como la clase dirigente, una; y la otra como la clase sumisa y borreguil.

En cuanto a la clase dirigente, en la que en gran parte está incluida la desvergüenza nacional y, ¡claro que si! algún político honrado, honesto y trabajador, puede que haya, por hoy, sin que sirva de precedente, la dejaremos estar, para dedicarnos a la reivindicación de la que equivocadamente yo, la tenía por borreguil.

 
No es cierto, por mucho que se la vea tranquila y silenciosa que no está activa; el engaño es malicioso. La tranquilidad y sosiego es, simplemente, porque sabe que tiene en sus pies la solución para sus males presentes y futuros; males de cualquier especie, incluyendo los de la salud, la economía y lo laboral; incluyendo el horroroso PARO.

El problema de la


violencia de género; el problema de la delincuencia; el problema de la inmigración; el problema de la Enseñanza; el problema de la lista de espera en Sanidad; el problema de la corrupción política; del problema de los desahucios; el problema de la pobreza en expansión; el problema de ciertas enfermedades graves que por respeto a quienes las sufren no nombro; el problema del separatismo; el problema de mi espalda y rodillas que me duelen un montón; y, también presenta un grave problema que la parte de la sociedad que tan sin disculpa he vilipendiado resolverá, es la


poquita comida que ponen en los platos, y lo caro que deben ser, los lujosos -y no tanto- restaurantes nacionales.

Cierto que me ha costado, cuestión de inteligencia, pero al fin se me ha encendido la luz: todos; absolutamente todos los problemas, por dolorosos y difíciles que sean, los ciudadanos de este país, los solucionan

 
corriendo. ¡Si! Un chándal, o calzón y camiseta; una cinta alrededor de la cabeza; y unas zapatillas deportivas, son la fórmula maravillosa que "lo soluciona to". Y, es que aquello del Lázaro en la solapa, ha quedado obsoleto; ya no mola.

Hace unos días fui al ambulatorio porque me cuesta coger el sueño; "salga a la calle usted todos los días a correr durante una hora". Al día siguiente volví por qué me dolía con frecuencia la cabeza; "salga a la calle usted a correr todos los días durante una hora". Al día siguiente del día siguiente, volví otra vez quejándome de colitis; "salga a la calle usted a correr todos los días durante una hora..." Y, al cuarto de hora tuve que regresar a casa a cambiarme de pantalón, calzoncillos y hasta de calcetines.

¡La habilidad de los políticos para salvar responsabilidades es inextinguible!


Eloy R. Mirayo.


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