martes, 18 de octubre de 2016

UNA GRAN CARA EN UNA FOTO SOBRE CARTÓN.

"Ni mucho menos es una buena idea dejar la tan importante responsabilidad de gobernar una nación tan importante, a semejante grey".

Eso me decía hace unos pocos días un amigo, que es ciudadano de este país. El buen hombre se alejó de mi lado, triste y desalentado y, mientras se alejaba arrastrando los pies, debido al peso de los años que lleva en su morral, fue diciendo: apreciado Eloy; esto cada día se parece más a la historia de George Orwell, "1984".

Eso lo que vengo diciendo, desde hace un pegote de tiempo. La diferencia más acusada entre este momento que se vive en Europa y la ficción orwelliana es que, mientras la máxima autoridad de la historia era una gran cara en una foto sobre cartón, 

en la mayoría de los países europeos se ha sustituido la foto de cartón por la foto de carne y hueso, y con la misma capacidad de influir en la gobernabilidad del país, como en la defensa del Estado del que se supone que son jefes.

Para no extenderme, y huyendo de inmiscuirme en la forma de actuar de otros gobiernos, me quedaré aquí. Que ya es bastante.

Solamente desde un sistema auto desautorizado se pueden dar sucesos como el que recientemente se ha dado en Navarra.

Hace unos días, en Alsasua, un pueblo navarro, unos cuantos especimenes del género, muy extendido de hijos de puta, cobardemente, amparándose en el nutrido número de congéneres, agredieron a un teniente y a un sargento de la Guardia Civil y a sus respectivas parejas. 

Semejante acción solamente la pueden llevar a cabo unos hijos de puta que, además, están castrados; porque ninguno ha demostrado tener cojones para medirse de uno a uno al teniente y al sargento del Glorioso Instituto.


(Esto si es Navarra)

Así son los "gudaris" rojos del separatismo vasco. Igual que aquellos que se entregaron al Ejército Nacional, durante la Guerra de Liberación del Comunismo, sin disparar un solo tiro. Claro que se estaban cambiando el calzón, en el que se habían cagado, viendo avanzar al ejército enemigo.

Así ocurrió hace años en una concentración de Fuerza Nueva en Vitoria: al regreso hacia Madrid, en una plaza de la capital alavesa, mientras esperaban para subir a los autocares, en manada de bueyes fueron entrando por las distintas calles que daban a la plaza con intenciones agresivas; fue suficiente un simple movimiento de ir a por ellos, para que aquella manada de aprendices adelantados de "gudaris", perdieran el culo corriendo en dirección contraria a la que habían entrado en la plaza. 

Si al Teniente y el sargento les hubieran acompañado otra pareja de compañeros; seguro que esos valentones del traicionero tiro en la nuca, no se habría atrevido.

Eloy R. Mirayo.

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