martes, 4 de octubre de 2016

DRAMATURGIA SOCIALISTA.

La dramaturgia socialista está llenando los embalses del país, alejando el fantasma de las restricciones hidráulicas; venga, podemistas, lavaros los pies y los sobacos.

No se pararán ahí las cosas; los demás partidos políticos, enfermos del mismo mal -la autofagia-, están en puertas del dramón representado por los "cómicos" del PSOE; sobre todo, los rojos "arrejuntados", donde distintos territorios "indios" constantemente se abren grandes bocazas indígenas, con criticonas a la dirección, o exigentes de autonomía, diferenciada del mini Kremlin Podemos.

Estoy seguro que el inventor de la Democracia, tal vez fuera Teseo rey de Atenas, 

no tenía en mente que su gran invento pudiera ser tan malamente interpretado. Dicen que durante el tiempo que duró su gobierno en la ciudad de Atenas, reinó La Paz, al tiempo que, con moderación en las formas de gobierno, trabajó por el bien de la ciudad y de sus habitantes, los atenienses.

La gran diferencia entre Teseo y quienes administraron desde sus gobiernos está Democaca, 

es que mientras en Atenas el sistema fue beneficioso, en este país, el sistema está logrando, erre que erre, el "milagromaligno" 

de transformar a un país que se entregó unido en la difícil labor de reconstrucción del territorio común, después de quedar destruido por la guerra, en un territorio inhóspito dividido en tribus perezosas, cobardes, parlanchinas sin sentido de lo que oyen y sin esencia en lo que dicen y exclusivamente interesados en que el dinero les llegue de limosneo; sin esfuerzo propio para no cansarse, y en la práctica del sexo, en sentido animal, en cualquiera de sus modalidades -en parejas mixtas, con iguales de sexo o en multitud-, sin que queden excluidos los apareamientos contra natura.

Teseo, que fue rey de Atenas se volvería de un salto a la fosa, la que ocupa en solo Dios sabe dónde y desde cuando, pero a.C., si pudiera ocurrir que saliera de ella y contemplara lo que, no sólo este país, han hecho con su hallazgo político.

Que no fue un invento maravilloso no cabe duda pues, después de más de 2.400 años, no ha logrado lo que para ello se inventó, la igualdad de derechos entre los seres humanos.

Eloy R. Mirayo.

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