lunes, 5 de septiembre de 2016

RÍO REVUELTO.

Parece que el río revuelto

no continua dado los beneficios esperados a los capos de la información en este país. 

Su trabajo de Alquimia, tornando en los laboratorios de sus rotativas y sus redacciones, 

la mierda en oro. 

Pero poco a poco la pátina áurea  se va desvaneciendo y el "marrón" y su pestilencia están rompiendo el disimulo. 

Las figuras de los lideres emergentes, tan jaleadas sus ocurrencias desde las páginas de los diarios, en estudios de radio y en platós de televisión, sin hacer distinción entre la ocurrencia rancia en boga entre los soviet del "paseo"

con tiro en la nuca y la "checa" de los años treinta del pasado siglo, y del grado de la gilipollez tintada de falso "progresismo". Deporte que practica de manera especial el lidercito

y liderines 

de la sórdida trupe comunista emboscada, como todos sabemos, bajo el nombre de Podemos, ya no resultan tan frescos ni son tan mediáticos como cuando fueron creados con artificios, por esos capos de los medios de información -desinformadora  y mercantilista- y sus lacayos de cámara y grabadora; ya no les venden tantos periódicos con sus "ocurrencias" ni adornan los espacios audiovisuales con su desgreñada presencia y su verbo insultante a horcajadas del odio y el resentimiento, entre otras cosas, porque ya se les va conociendo en su trayectoria institucional por ayuntamientos y autonomías.

Son como el caracol que va dejando su baba por donde se arrastra, 

ellos van dejando su mala baba patente por donde se mueven, al tiempo que muestran los mismos defectos que los políticos clásicos, pero no tienen ninguna de las pocas virtudes de aquellos (que quizás sea simplemente una, y no todos).

Si yo en vez de ser un exiliado fuera un ciudadano de este país, después de lo que se vio y escuchó por los medios audiovisuales, me tentaría los huevos o los ovarios -según el sexo- antes de decidir qué hacer con la papeleta del voto, entre meterlo en la

urna a favor de; o limpiarse con ella el ano -culo en castellano-, lo que sin duda daría a ese papel un destino más digno.

Que esta política no es exigente con la gente que la "mueve", es cosa que por conocida, ni crea malestar entre las gentes y ni se comenta más allá que lo anecdótico, a no ser que la cosa sea, no de gran tamaño, porque eso  está superado, sino es que sea absolutamente monumental. 

La Democaca no exige inteligencia (para eso están los asesores); no exige cumplir promesas electorales (según el difunto carcamal, Tierno, "las promesas electorales se hacen para incumplirse"); este asqueroso sistema tampoco castiga el incumplimiento de los Presupuestos Generales del Estado, como no se castiga el que las autoridades autonómicas y municipales, pasándose por el fondillo de sus bragas, tangas o calzoncillos, se gasten los euros, por encima de sus posibilidades económicas, creando fabulosas deudas, con operaciones absolutamente descabellas, porque eso al final lo paga "el pueblo soberano". De la misma manera que tampoco fiscaliza adecuadamente la honradez ni la decencia. Así va la cosa.

¿Nos queda la dignidad? Pues tampoco. Yo hice la mili en Campamento (Madrid) en el Regimiento de Artillería Antiaérea nº 71. El primer día un veterano se me acercó y me dijo "recluta ¿ves la bombeta, esa que está en la entrada al cuartel". 

Si, le contesté. "Pues ahí es donde debes dejar colgados los cojones, hasta el día que salgas de aquí licenciado". Entendí la metáfora, y cumplí con ella.

Hay quien cree que cuando los elegidos como diputados van al Congreso y a los senadores al Senado, hay un funcionario que les indica donde deben dejar colgado la honradez, la decencia, la dignidad y las buenas costumbres, hasta que sean retirados de su cargo.

Yo recogí lo que tuve colgado en la bombeta durante los casi dos años que, con orgullo, serví a mi Patria (España), nación a la que espero poder volver antes de que "doble la servilleta" pero, esta comprobado que los políticos, una vez colgadas esa prendas, allí las dejan por inservibles para sus fines.

Eso es lo que parece que le ocurre al ex ministro don José Manuel Soria.

Está claro que el señor Soria, si cuando dimitió como ministro hubiera recogido la dignidad, ahora no estaría optando por su deseo o por el deseo de su partido, a ese cargo que parece estarle esperando en el Banco Mundial. Y si es que la recogió, por falta de costumbre, la habrá dejado olvidada en ¡vaya usted a saber que sitio!. No; otra vez en Panamá, no.

Eloy R. Mirayo.


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