miércoles, 21 de septiembre de 2016

EMIGRACIÓN PROPIA.

Los cambios son infinitos y, sin quedarme al margen de los que parecen más importantes, hoy quiero comentar el cambio drástico que se ha dado en lo que conocemos como emigración propia.

Se conoce, unos por haberlo vivido y otros por haberlo estudiado, la angustiosa situación de la economía española después de la Guerra de Liberación del Comunismo.

Todas las fuentes de creación de riqueza estaban habían sido destrozadas por la acción bélica, o por el odio sarraceno de las hordas Rojas, que hasta llegaron a aplicar el "tierras calcinadas" en los campos, cuando huían como perros sarnosos con el rabo entre las patas, ante el avance de los nacionales.

Todo ardió en la retirada de los (hoy vencedores) rojos; frutales y olivos, que necesitaron ser replantados, de manera especial en las tierras jienenses (Andalucía).

El día 2 de abril de 1939, España -mi país de origen- empezó a reinventarse, sobre un lienzo absolutamente blanco y plano.

¿Dificultades? Todas, incluyendo la carencia casi total de todo lo que es considerado de primera necesidad, 

junto a la presencia de muchas enfermedades cultivadas en la miseria.

No descubro un arcano si digo que lo que destruye un proyectil en unos pocos segundos, cuesta un "güeviño de podemista, que son los mas escasos" reconstruirlo; y más, cuando los "posibles" andan escasos.

La velocidad de la reconstrucción, sin ser lenta, ajustándonos a las propias limitaciones, auspició la salida de España de un gran contingente de trabajadores que buscaban mejorar sus vidas en países como Francia, Gran Bretaña o Suiza.

Aquellos españoles fuera de su Patria, con su sacrificio -nadie sabe, si no ha estado allí, cuan grande fue el sacrificio- ayudaron, mandando divisas a sus familiares aquí, a que las cosas fueran poco a poco, haciéndose más soportables.

Este asco de país que es capaz de hacerles un monumentos a las Brigadas Internacionales (una porción de hijos de una puta y de un pirata caribeño, que se vinieron con el propósito de participar en la cacería de seres humanos, infinitamente mejores que ellos), no son capaces de "monumentar" a quienes tanto hicieron por su Patria, malviviendo lejos de sus casas.

El cambio en el talante de los emigrantes lo vi ayer en un espacio televisivo, de la autónoma de Madrid, que se llama "Madrileños por el Mundo". La voz femenina que lleva el programa le preguntó a un madrileño que trabaja en Alemania, si piensa volver a Madrid. La respuesta fue altaneramente negativa, y no es la primera vez que he tenido la oportunidad de escucharlo.

Estos emigrantes, además, no mandan un puto euro a sus familias, que sirvan de ayuda a su terruño.

Ya sé que no es cosa nueva; que desde hace muchos años (cuarenta) el orgullo patrio es una antigualla que solamente se encuentra en unos cuantos nostálgicos. Lo vemos en la cantidad hijos de puta que, emigrando de otras regiones de este país, en Cataluña votan a favor de la fechoría de separar Cataluña del resto de las regiones que conforman el Estado.

Andaluces que, sin caérseles la cara de vergüenza, vuelven a Andalucía para celebrar la "Feria de Abril", o lo hacen en la que se celebra en Barcelona. Murcianos; Castellanos de las dos Castillas; gallegos y extremeños, capaces de, como san Pedro, negar a su patria, tantas veces como se presenten para ganarse las "simpatías" de unos cuantos hijos de puta porque, en Cataluña, también hay especimenes de esa calidad...

Por si alguien lo desconoce, estos son algunos de los lideres del separatismo en Cataluña.

Eloy R. Mirayo.

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