miércoles, 14 de septiembre de 2016

EL PEDREGAL.

La felicidad de los habitantes de este país y la de los españoles que estamos aquí exiliados; la triunfante apertura del cielo, mostrándose azul y soleado, ahora plomizo por la indecencia y la deshonestidad política, se alcanzará y se verá nítidamente en el mimo momento en que salte a los medios de difusión la noticia de la dimisión de la señora Rita Barberá.

Las cosas son como son, y no como dicen algunos que serán (esto lo habría dicho el mismísimo Confucio).

Cuenta la Historia Mundial que un día el alcalde de un pueblo, parece ser que de este país, iba caminando por un terrible pedregal que había -parece ser que aun existe-, en el término municipal;

el buen hombre, ensimismado pensando en los problemas de su municipio, para los que no tenía ni puta idea de cómo resolverlos, dio un traspié y fue a estrellarse como un torpedo 

contra una roca de estimable tamaño. Cuando el excelentísimo se repuso y repuso la

dentadura postiza destrozada en el suceso, lo primero que hizo fue, mandar desenterrar la roca y transformarla en pequeños "chinarros".

Sigue contando la Historia Mundial Contrastada

que, a los pocos meses, el mismo excelentísimo, caminando por el mismo terrible pedregal, repitió el traspié, y volvió a "esmorrarse" 

contra una de las muchas miles de rocas del terrible pedregal y, como la primera vez, mando arrancar la roca, y ordenó que la transformaran en "chinarros"

(planta cementera); justo al día siguiente de reponerse y reponer su dentadura postiza. 

La Historia Mundial sigue contando que el excelentísimo siguió repitiendo diariamente la "función", justo, como hecho a la medida, hasta la víspera de su defunción que ocurrió, al dar un nuevo traspié, y chocar su cabeza contra una de la mochas miles de rocas que hay en el maldito pedregal.

Lo cierto y verdadero es que antes de la señora Barberá (presunta por el momento) ha habido corruptos encarcelados (o a punto) y unos cuantos presuntos, dimitidos o no; y sin miedo a errar podría decirse que, no porque haya dimisiones, se va a sellar la cloaca de la corrupción. 

Este país, mientras no empiece y acabe con el terrible pedregal, sus habitantes y los que aquí estamos forzosamente exiliados, seguiremos la suerte del alcalde de la historia; topándonos continuamente con algunas de las infinitas rocas del terrible pedregal, aunque puntualmente se extraigan las que nos creen el dolor más fuerte pues, mientras penosa y borreguilmente 

sigamos caminando descalzos entre las rocas, indefectiblemente continuaremos topando contra las que irán aflorando de manera  irrefrenable al largo y ancho de la superficie del terrible pedregal. 

Eloy R. Mirayo.

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