lunes, 13 de junio de 2016

LO DE ESTA GENTE ES OTRA COSA.

En principio dejo en claro que estoy en contra de la venta libre e indiscriminada de armas de fuego

pero, si lo que se piensa que porque en los Estados Unidos de Norteamérica la compra de esos artículos tiene la misma dificultad que comprar en una farmacia una caja de preservativos, es por lo que se cometen tantos atentados por aquellos lares, se equivocan profundamente, o hacen paripé. No es esa facilidad porque, si sacamos el tanto por ciento de atentados con la cantidad de habitantes,

por mucho que nos impresione el número de asesinados, los asesinos son un número muy reducido.

Yo creo, aceptando por delante mi alto grado de ignorancia, que el problema es de educación y de lasitud de toda clase autoridad; la gubernamental, la de la enseñanza, en todo su espectro y hasta la de la cabeza familiar.

No es poner por delante los intereses individuales de los intereses de la sociedad, de lograr el mejor funcionamiento, sino preservar los de la sociedad, independiente de que la sociedad forme "la mayoría", sino porque sean normas necesarias para una satisfactoria convivencia.

El ciudadano tiene derecho a saber cuáles son sus derechos a respetar por todos, y cómo ha de ser su comportamiento ante los derechos de los demás -y que para eso, en último paso ha de estar la acción de la Justicia-.

Los países que más se acercan a esos principios, son los países donde se vive con mayor tranquilidad y con más confort; del de verdad, y no de ese tan vistoso que a algunos les infarta el corazón por culpa de la cantidad de plazos e hipotecas a las que se ven obligados a hacer frente para "disfrutarlo".

Por otro lado es obligación de los gobiernos bregar policial y judicialmente por la tranquilidad, por la invulnerabilidad de la propiedad y por la seguridad física de sus gobernados que, además de pagar el servicio, también paga sus elevados salarios de gestión. 

Si esas obligaciones se llevaran a cabo con suficiencia, nadie se vería en la imperiosa necesidad de auto defenderse y de, para ello, armarse 

hasta la dentadura postiza,

de artilugios tan sofisticados y tan peligrosos.

En estos momentos todos nos sentimos doloridos por la bestial

matanza llevada a cabo por un individuo totalmente alejado del debate de las armas de fuego en venta libre, porque esa clase de hijos de puta (de importación), si no la pudieran comprar libremente, siempre encontrarían mercado abierto donde nutrirse de forma adecuada a su maligna acción proyectada.

Lo de esta gente, es otra cosa muy distinta de los intereses por los que "luchan" los contrarios a la venta libre de las armas, y también, de a quienes desde la plaza de Vázquez Mella -ahora de Zerolo- y por semejantes sitios de los países de Europa y resto del Mundo, claman contra la homofobia, sin valorar que la matanza es de seres humanos a los que han sido instrumentalizados como enemigos de unas creencias religiosa y políticas. 

Eso eso es para lo que la gentuza de baja catadura humana utiliza a los muertos inocentes: para engordar su discurso. ¿Los muertos? Y ¿A quien le interesan los muertos? Son los números, lo verdaderamente importante para quienes "jarrean" esta clase de movimientos. Nada cambiará, es una obviedad, la realidad de cada víctima, pero lo que sí cambiará es los beneficios de cualquier tipo que percibirán quienes dirigen  todos estos grupos.

Eloy R. Mirayo.

 

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