martes, 26 de abril de 2016

LA GRAN MAYORÍA DE LOS CATALANES NO SE LO MERECEN.

Es algo que desde la niñez,

siempre me ha parecido una peculiaridad verdaderamente extraordinaria que se da en una subespecie humana, que nunca cambia, aunque con el paso de los tiempos cambien los individuos.

¿Qué es ello? Ello es que los gilipollas 

-esa subespecie que últimamente bulle y rebulle por todas partes-, de manera absoluta, cuando entran en contacto con personas inteligentes (que aún quedamos); de mentes bien equilibradas (que aún quedamos) que generosamente (aún, milagrosamente quedamos) les escucha en respetuoso silencio (¡qué "tie" mérito!);

en su esplendorosa gilipollez, piensan que esas personas que les escuchan sin pestañear y sin expresar palabras elogiosas, son unos gilipollas, que no se dan cuenta de las importantes cosas -gigantescas gilipolleces- que sus mentes privilegiadas han brindado generosamente con el pedagógico intento de ilustrarles. Y cuando el gilipollas engreído se retira montado

en su gilipollez, se va apesadumbrado, convencido de que -"¡no merecen la pena mi esfuerzo!"- allí; en total soledad, ha dejado a un gilipollas que no ha sido capaz de  enterarse de nada de lo dicho.

Y lo cierto es que el sensato, al quedarse solo y en silencio, vuelve a sentirse a gusto consigo mismo.

"¡No busquéis al gilipollas, que ya apareció!.

Aunque muchas personas (muy malignas ellas) podrán creer que esa es la voz con que el presidente don Mariano Rajoy acompaña a su gesto corporal, yo, ¿qué queréis que os diga? "no me lo puedo de creer"; aunque viendo la filigrana salerosa de su pareja... Jo, tío.

El Presidente de la Generalidad de Cataluña, el señor Puigdemont (parece el apellido de un personaje de los chistes de "Chiquito de la Calzada"), hace unos días vino a la Capital del Reino con las pretensiones de que le den la venia que les permita a él, y unos cuantos individuos más de su poca apreciable especie, arrancarnos un trozo de nuestra Patria y, como si esa perdición no mereciera adecuada respuesta, 

con la mayor desvergüenza que se pudiera esperar de un ser humano, en este caso, que habría que suponerle inteligente; que no, 

presentó al señor Rajoy, el brazo extendido para que en esa mano, al final del brazo, le coloquen un chorrazo de millones de euros para salvar a Cataluña de la ruina en la que todos ellos la han sumido. Millones de euros  salidos de los bolsillos de todos los españoles.

¿De que se debería adjetivar a las pretensiones con las que el señor Puigdemont ha aterrizado en la Capital del Reino (si obviamos lo de Gilipollez), y a él mismo (Si obviamos gilipollas), si repasamos la evolución económica de la Comunidad de Cataluña en manos de esa gentuza apátrida, que tan bien se les conoce en Andorra y otros "paraísos?.

A mí, que como todo el mundo sabe, me aterrorizan los "talcos", jamás usaría adjetivos insultantes, aunque cuando alguien los suelta y dan en la diana, me divierten un "güevo".

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Yo creo firmemente que hace muy bien el Presidente del Gobierno, en aportar los euros necesarios que impidan que Cataluña -un trozo de España- caiga en total bancarrota; la gran mayoría de los catalanes no se lo merecen.

Por Eloy R. Mirayo.

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