martes, 5 de abril de 2016

LA DESVERGÜENZA AL PODER.

¿De qué presumes, imbécil, si ni siquiera tienes dada de alta una simple empresa fraudulenta en Panamá?

"La desvergüenza al Poder". Esta oración es la que debería ser la cabecera, justo sobre la testuz del personaje promovido, de los carteles que los partidos políticos editan y pegan por las fachadas, en los días anteriores a la celebración de cualquiera de las distintas citas electorales. Y así, de manera sencilla, todos los españoles, votantes o no, estaríamos agradecidos a su sin doblez sinceridad. 

Después, cada uno, según el tamaño de sus tragaderas, 

elegiría con orgullo al sinvergüenza que se demostrara como el mayor de los sinvergüenzas del país ; como su golfo pluscuamperfecto, el que con más desparpajo, además de la suya, se llevará gran parte de la pasta de todos -también la de los que no votamos- a algún "paraíso fiscal". Esos que tan bien conocen algunos de los "capos" de esta "Cabroncacia". Lo de Democaca se ha quedado algo corto.

Insisto en que de esa manera se liberaría a los que aún, a pesar de los pesares, tozudos como mula andorrana, siguen "metiéndola por la rajilla", su certificación de ser discípulos adelantados del pacienzudo santo Job,

de buscar y rebuscar sin éxito -rara especie, posiblemente extinta-, esa persona honrada, honesta y decente, a pesar de tener cargo de responsabilidad en uno de esos partidos políticos al uso, ya sea entre los de la Derecha, de la Izquierda, Liberal o Comunista, en cualquiera de sus asquerosas versiones.

Pero la cosa del "choricismo" no es una de esas rarezas que se dan en España, como la

Paella,


la Sangría o

el Flamenco. 

La cosa afecta a todo cuanto queda dentro de lo que limitan los cuatro Puntos Cardinales de la Tierra y, si existe algún tipo de humanidad en otras galaxias, también allí.

Reconozco mi candidez; cuando empezó en los medios comunicación a comentarse eso de Panamá, las empresas fantasmas que se usaban para camuflar diseño, lejos de las fauces de Hacienda, enseguida pensé en que seguro que uno de esos que se llevan tan lejos sus euros, debía ser el "chapuzante" que además de pintarme una de las habitaciones de mi casa, me ha colgado la cortina del salón, y reparó la lámpara de mi cuarto de música -donde toco la guitarra-, que me pasó la factura en un papelucho grasiento donde tenía envuelto el bocata de sardinas, sin cobrarme el IVA. Indagué cuánto me fue posible por Internet, con la esperanza de que en alguna página saliera Pepe

Salió de todo: reyes árabes;

primeros ministros, presidentes de gobierno, ministros de todos los continentes; deportistas de élite; directores de cine;  el "clan de los Pujol" pero, el que no salió fue Pepe el "chapuzante".

Esto que todo el mundo lo tenía por sabido, ha existido, existe y seguirá existiendo "per sécula seculórum", para uso y disfrute de tantísimo cabrón como hay en este puto Mundo.

Por Eloy R. Mirayo.

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