martes, 22 de marzo de 2016

OPERACIONES DE GUERRA.

Cada uno en su casa y Dios en todas partes; pero, cada uno en su casa.

Después de esto, por si no lo estaba antes, seguro que habrá más de un gilipollas -por no involucrar a las madres- que me tilde de xenófobo y fascista. Pues mira tú qué bien. Eso me hace sudar, de los dos, el Felipe. También el otro, claro está.

Europa se despersonaliza a pasos agigantados; orientales y árabes, poco a poco, pero continuamente, van cambiando su naturaleza y su estética, imponiendo nuevas formas como si formaran parte de un vencedor ejército invasor. 

Aquí, por no desplazarme, nos han quitado los crucifijos de las aulas colegiales y, por no ofender, también han desaparecido los "nacimientos" por la Navidad, de centros oficiales. 

El tanto por ciento de extranjeros establecidos en cada país europeo, está desnivelando la vida de cada uno de esos países; estética e institucionalmente, ya a nadie extraña ver mujeres con burka o chador, niqab y babuchas, la mestizacion de muchas ciudades y pueblos; de sus calles; de sus comercios es evidente.

El migrante musulmán y su descendencia, aunque haya nacido en cualquier parte de Europa, jamás será europeo; sus creencias, fuente de su racismo (exacerbada xenofobia) nunca le permitirá ver a sus anfitriones como iguales. Un europeo puede confraternizar con un musulmán, pero un musulmán difícilmente confraternizara con un europeo, a no ser que con ello pueda sacar un beneficio; pero, siempre será de cara al exterior.

Hoy en Bruselas (2004 en Madrid, 2015 en París) se han cometido dos atentados que han segado la vida de 34 personas. Los autores de esas mascares, son "ciudadanos belgas"; individuos nacidos en Bélgica, con documentación belga, pero que se sienten musulmanes; apátridas, sin más raíces y patria que el Corán, en la versión más retorcida; en versión asesina.

Los atentados se van sucediendo por toda Europa y nadie, por lo visto, quiere reconocer, de una puñetera vez, que no son atentados llevados a cabo por unos desarrapados minundis, sino operaciones de guerra con un fin concreto (Napoleón; el Comunismo; Hitler...). Operaciones planificadas con total tranquilidad, ayudados por la inoperancia "buenista", de una clase política que no es capaz de asumir otra opción -la "respuesta armada"-, por carecer de cojones -vale; de cojones y de ovarios-. 

La estupidez de la clase política ha permitido que el "enemigo", lo tenemos dentro de casa; tan dentro que hasta puede que estén dentro de nuestras organizaciones de gobierno (municipios y autonomías); en nuestros ejércitos y en nuestros cuerpos y fuerzas de seguridad. 

Por Eloy R. Mirayo.

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