lunes, 28 de marzo de 2016

INMENSAS TRAGADERAS.

Para entrar en una negociación, lo más importante, aparte de tener claro sobre qué es lo se va a negociar, es hasta qué punto es prudente llegar a conceder de la propia posición;

y, sobre todo, es imprescindible conocer lo más profundamente a la persona con quien se vaya a negociar. El carácter del otro negociador; si tiene debidamente acreditada su solvencia profesional y su honradez; si es una persona de probada honorabilidad, o un simple pirata con ínfulas injustificadas de "Gran Marinero".

De otra manera, lo más probable que del resultado de lo que se negocie se salga grandemente perjudicado -lo que es igual a, con el culo chamuscado y al aire, para regocijo de golfos-.

Esa manera de negociar admitiendo de entrada que "to er mundo e güeno", 

es una decisión tremendamente temeraria; pero aún es peor la de negociar una cosa de suma importancia y gran responsabilidad con una persona que, de entrada,

carece de honorabilidad y que con toda claridad transparenta maldad, amen de mostrarse prepotente y ambicioso e intelectualmente desacreditado. Y, para mayor agravamiento, de ideología política de izquierdas. Sinceramente creo que eso es absolutamente suicida.

Pero eso evidentemente es así, como estamos viendo en estos momentos en España, con el tema del asunto de su gobernación, aunque no todo el mundo sea capaz de entender la gravedad de las consecuencias. 

Lo he dicho unas cuantas veces, y no me resisto (es lo que tiene lo avanzado de la edad) en repetir. Yo, cuando rara vez estrecho la mano de un socialista, inmediatamente le agarro del pescuezo para que no escape, y me cuento los dedos de la mano, temiendo que se haya "apañao" alguno de los cinco. Y, a pesar de haberlos contado varias veces, me cuesta mucho soltar el pescuezo del socialista porque pienso que, si no los dedos, algo mío se ha debido llevar.

Eso no lo ha debido tener en cuenta el muchachito de provincias, el líder indiscutido de Ciudadanos,

Alberto Rivera y, por lo que parece, se la han "colao doblá". Al chaval, de pequeño no le han debido contar la fábula del alacrán que quería pasar a la otra orilla del río, a lomos de una rana, a la que picó a mitad de camino, y se excusó diciendo que picar le iba en su naturaleza. 

La misma naturaleza del PSOE, para quienes tenemos memoria.

Admitiendo que mirando la "foto" que nos ofrece el PP, hay que tener unos "güevos" más gordos que los del caballo

en el que monta el general Espartero, que con tranquilidad de "bronciana" intenta piafar frente al parque del Retiro, de Madrid; y unas inmensas tragaderas para emparejarse en el empeño común. Pero, no debería ser menor el tamaño "güeval" y de trágala, para hacerlo con el líder del PSOE, que la fotografía que nos muestra es aún peor. Y, mucho peor es posible que sea el celuloide cuando, para colmar su ambición, "arrejunte" a toda la mierda del país. 

Por Eloy R. Mirayo.

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