lunes, 21 de marzo de 2016

A NO SER QUE MORIR DE HAMBRE SEA UN BUEN PROYECTO...

Uno empieza a sentirse estúpido

cuando lee lo que doctamente dicen algunas personas de reconocida relevancia científica. Coges el periódico o la revista donde han vertido sus importantísimas opiniones -se entiende-, comienzas a leer y de pronto te das cuenta de que, después de haber leído un largo pasaje, no sabes establecer adecuadamente en tu intelecto, aquello que acabas de leer, porque no eres capaz de encontrar, en lo leído, la sucesión lógica de lo que quiere decir el autor. Lo que te lleva a pensar, si es que no eres verdaderamente estúpido, reconociendo el grado de la propia ignorancia, en la posibilidad de que el erudito no se haya expresado con total claridad, o lo haya hecho con cierto confusionismo. 

"El drama hoy no es estar en el paro y apuntarte a la esperanza de encontrar trabajo, sino trabajar pero no llegar a fin de mes ni tener el menor indicio de cambio en tu vida. Eso sí es devastador, porque impide todo proyecto" (Jorge Alberich).

Eso es el principio de lo que dijo don Jorge, Director del Círculo de Economía y la Escuela Europea de Humanidades, en la bellísima Barcelona, en una entrevista impresa en el diario El Mundo, del pasado domingo.

Momentáneamente no seguí leyendo más; me levante de la silla como una centella e, inmediatamente, en el centro geométrico del salón de mi "house",  con gran perfección durante quince minutos, para que me bajara la sangre a la cabeza, hice erectamente el pino.

Es una gilipollez hacer el pino así cómo así pero ¡qué le voy a hacer! Yo soy así. Como ser racional, al no comprender la razón del mensaje, me vi forzado a "pintearme" por las circunstancias. Es muy gordo leer que es peor trabajar y no llegar a fin de mes, que despertar cada día  en el paro, sin esperanza de salir de él; lo que representa, si no estoy confundido, el ni siquiera poder empezar el mes.

Claro que se está de acuerdo con don Jorge en que con los sueldos al uso (cercanos a lo que se les daba a los esclavos negros en los algodonales de Virginia -USA- allá por 1860), no es que a los trabajadores a quienes les afecta no puedan llegar a fin de mes, ni vislumbrar un proyecto personal o familiar, sino que no permitiría en esas condiciones, ni la milagrosa Santa Gema, aspirar a la creación de un proyecto personal más allá del ingreso en un convento del Cister.

Así que mientras no se inventen los billetes de varios euros, una/o currita/o, lo tienen en chino para llegar a fin de mes con dinero en el bolsillo. Es verdad que hay muchos cientos de miles de trabajadores que están en eso, pero no es menos cierto que los parados de este país están aún en peores condiciones para proyectarse; a no ser que morir de hambre sea un buen proyecto.

Soy incapaz de calibrar el estado de ánimo de un parado o de un trabajador en precario, porque solamente los parados y los trabajadores en precario tienen conciencia exacta de su situación; de la inexistencia de un futuro, el parado, y la inexistencia de mejor horizonte el
trabajador en precario. Lo demás, es pura teoría; filigranas gramaticales para demostrar inteligencia. Y las más de las veces, son opiniones de quienes están sentados sobre unos sueldos

de varios miles de euros al mes, de cada uno de sus empleos. Se podrá decir que es demagogia, pero hay personas que con la entrega de uno solo de sus sueldos de consejeros -de innecesarios consejos-; de directores de ciertos círculos y escuelas; de fundaciones sin "ánimo de lucro" o de presidencias de alguna ONG, podría solucionarse la vida de más de una y de dos familias.

Todos los don Jorges que van caminando tan sabiamente por el país deberían tener en cuenta que el Paro y el Trabajo en Precario, son situaciones absolutamente distintas, aunque las dos tengan el mismo origen, la desatención de los gobernantes, y la misma solución, buenos gobernantes -al poder ser, decentes; aunque tampoco demasiado-.

Por Eloy R. Mirayo.

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