lunes, 1 de febrero de 2016

DESINTERÉS.

La gentecilla de todo el espectro izquierdoso, desde el cursi sociata hasta el más andrajoso de Podemos o de la CUP, jamás tienen dificultad para llegar a entenderse, como tampoco tiene dificultad para encontrar y ocupar lugares para celebrar sus aquelarres 

al son de la "Batukada", ni problemas con la prensa en general, donde son muy bien recibidos. Ellos trabajan en la diversidad unidos por un irrompible cordón umbilical que les une: alcanzar el mal fin común; acabar con los "fascistas" que para esa patibularia e indeseable tropa somos todos los que no pensamos como ellos y tenemos un decente y respetuoso comportamiento. 

La aparente diversidad de las siglas, no oculta la denominación de su bastardo origen; es simplemente la fórmula guerrillera que les facilita la administración ideológica en distintos  extractos

-cada perro se lame su pijo- hasta llegado el momento deseado, que es cuando se une la bestia. El fétido conjunto es como un puñal; poca resistencia encuentra la afilada punta (el PSOE),  imprescindible para que el acero, ensanchándose gradualmente en su longitud, penetre mortal en el cuerpo hasta la empuñadura (el Comunismo más repugnante y dañino).


Ni de lejos somos así, como son ellos;

nosotros, los "fachas"; nosotros nos dividimos simplemente para dejar perfectamente cristalinas las cosas que irremediablemente nos separan que, en la totalidad de los casos, estudiándolas desde la inteligencia, son nimiedades de "pureza ideológica". Ellos son iguales en su diversidad (la mierda es mierda ya sea de ser humano o de cualquier otra clase de animal, sea terrestre, acuático o aéreo), como ha quedado demostrado; nosotros, que también ha quedado perfectamente demostrado,  somos diversos en nuestra igualdad -si se me permite la hipérbole- eligiendo cada uno

-¡cada individuo!- la debilidad de la soledad de "la minoría selecta" haciendo guardia bajo los luceros; satisfecho ostentando la Jefatura Nacional sobre sí mismo, renunciando a la fortaleza que ofrece la unidad.

Desde una perspectiva lógica, en un pleito, si la víctima no hace acto de presencia, la sentencia no puede ser de otra forma más que sobreseimiento, que de alguna forma da la victoria al victimario.

La evidencia en la que estamos indeseablemente atrapadas las personas decentes, debería refrendarse con una sentencia favorable, que no se producirá por nuestra incapacidad para unir esfuerzos; por nuestra estúpida individualidad, tan cercana al desinterés. 

Por Eloy R. Mirayo.

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