martes, 24 de noviembre de 2015

COMISARIOS POLÍTICOS.

La verdad es que uno, leyendo las noticias que salen en las portadas de algunos periodicos, se queda de palo. "Los funcionarios de Cataluña podrán delatar a Montoro actos ilegales. Hacienda impulsa un canal para que empleados públicos denuncien leyes o gastos soberanistas".

Los bancos, por citar un ejemplo que todos conocemos, sus delegaciones provinciales o internacionales, tienen autonomía para funcionar según la idiosincrasia del lugar y de los posibles clientes, pero sin romper ninguno de los hilos que les une a la matriz. La política crediticia y de riesgo, como los intereses ofrecidos a imposiciones, o los intereses de otra clase de créditos, dentro de la horquilla señalada por la dirección central. Nada que se salga de la rutina dibujada, pueden llevar a cabo directores de oficinas nacionales o internacionales. Y las cuentas del dinero, al céntimo.

Pues bien, el ministerio de Hacienda de España, con delegaciones en las diecisiete autonomías (que asco) con las que han divido a España, por lo que parece, sin dibujo mínimo al que se tendrían que atener, para perseguir leyes ilegales, el fraude y los gastos injustificados y los gastos soberanistas, se tenga que servir de delatores; una especie de "comisarios políticos,"

en vez de exigir de los funcionarios (seguro que lo están deseando) la corrección y exigencia en su labor, y actúen con todos los gobiernos autónomos, porque no es solamente el de Cataluña el que debería ser fiscalizado, con el mismo rigor con el que se obliga a cada ciudadano con obligación de contribuir.

La proposición del ministro es la proposición de alguien que no tiene puta idea de nada de lo que debe hacer, y busca desesperadamente a quien o a quienes le resuelva su problema, sin llegar a entender que el verdadero problema es él mismo. Eso es algo a lo que nos tienen acostumbrados todos los gobiernos democáquitos que hasta la fecha hemos visto obligados a soportar. 

Los buenos profesionales (algo que nada tiene que ver con nuestra clase política, que para eso vale cualquier despojo) nunca esperamos a que surja el milagro y, de la nada, aparezca la
bella hada madrina o el apuesto hado padrino que con su varita mágica (que nadie piense en otra clase de "varita") y en un "jamalaja, jamalají", resuelva el problema que la artesana profesión nos ha puesto sobre el banco de trabajo, sino que echamos mano de nuestros conocimientos adquiridos durante los muy duros años de aprendizaje y, la mayoría de las veces, por no decir todas que parecería inmodestia, triunfamos plenamente, en silencio porque lo hecho es a lo que por profesionales se nos obliga y se nos paga, no tanto como al señor Montoro, pero triunfamos y, a veces, además de pagarnos con euros, hasta nos agradecen la labor hecha.

Por Eloy R. Mirayo.

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