miércoles, 21 de octubre de 2015

LA IDIOTEZ NO TIENE FRONTERAS.

La idiotez no se atiene a ninguna norma fronteriza

por lo que su expansión no se detiene, por lo que la creación mema no para de producirla. Y parece que la cogen a lazo, para nutrir los partidos políticos a nivel mundial; no hay mas que hacer un pequeño seguimiento, con las muletas de los medios de comunicación e Internet.

Cuando en esta, nuestra querida España, aparecieron

las hordas político-democaquitas, muchos pensamos que la idiotez era una de sus orlas negativas; una marca de fabricación que solamente afectaba a esa especie autóctona. Pero el tiempo, tozudo en sus sentencias, nos ha venido a rectificar, enseñándonos la profunda equivocación en la que estábamos sumidos. La idiotez no es únicamente patrimonio de nuestros políticos; la idiotez tiene idiotizados a la práctica totalidad de los políticos a escala mundial.

La prensa nacional nos han informado de una de esa idioteces que muestran su internacionalidad.

Un buen día, como es sabido, un grupo de

amigos políticos infectados decidieron que unidos, su idiotez pasaría desapercibida, si se le daba un carácter general, y decidieron crear la Comunidad Económica Europea, cuna de muchos de los problemas que los españoles estamos sufriendo (lo que estén sufriendo los demás, me importa una "higa"). Ganadería, agricultura, industria -incluida la alimentaria-. Todo lo que representa la Soberanía Nacional se ha visto afectada negativamente, entre otras cosas, por la libre movilidad, al quedar prácticamente desaparecidas las fronteras.

Una idiotez, por muy gorda que pueda parecer, nunca aparece en solitario, suele llegar acompañada de un variable

número de idioteces de distinto tamaño, como una especie de "guardia de Corps": la libre movilidad de personas, lo que nos ha traído montón de gitanos y de mafias de todos los países que estuvieron dentro del "Edén" comunista  ("lugar muy ameno y delicioso" según el real diccionario) y, la otra de las gordas, la división de la moneda única. Fraccionar el euro con seis monedas (0,50; 0,20; 0,10; 0,05; 0,02; 0,01), demuestra de manera indiscutible que la clase dirigente que nos rige, en más amplia versión, está formada por individuos de profunda indigencia intelectual. A ninguna persona normal, ni siquiera algo menguada como yo, se le habría ocurrido semejante idiotez; idiotez que obliga a llevar los bolsillos preñados de unas monedas exentas de valor real.

Idiotez de obligar a la acuñación de unas monedas cuyo coste de elaboración es más elevado que el valor facial (0,02= 0,01,95; 0,01= 0,01,85). Con lo fácil que hubiera sido partir el euro en dos fracciones: 0,50 y 0,25.

Pero, claro; eso no lo hubiera hecho un idiota (un político).

Por Eloy R. Mirayo.
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