jueves, 22 de octubre de 2015

DIEZ AÑOS.

"Que veinte años no es nada," dice el tango que cantó Carlitos Gardel. Así que los diez años que la Justicia en España ha tardado en interesarse por el famoso 3% con que los políticos catalanes extorsionaban a empresarios, no deja de ser un entremés.

Diez años han tenido todos esos ladrones para llevarse la "pasta", y para borrar la pista de sus infinitos chantajes; de sus continuos delitos.

Diez años desde que el socialista Maragall, en el Parlamento de la Comunidad Autónoma de Cataluña, acusó directamente a "padrinos de CIU" y "banda" en el uso del gobierno catalán, del cobro del 3% de comisión fraudulenta. Y, ahí quedó la cosa, sin que ninguna autoridad, ni jurídica, ni política, tomara debida cuenta de ello; como si desde el Gobierno Central, que es el eje en el que han de girar las demás instituciones, existiera una entente cordiale. ¿O es que existía?

"La delincuencia de los políticos se cargará a la Democracia". Se afligen mucha gente, ingenuos ellos,  sin comprender que, precisamente la Democracia, es la hermana gemela de la Delincuencia; ambas son las líneas chungas de unas paralelas convergentes. 

Lo medios de comunicación, los escritos y los audiovisuales, han encontrado, en el jodedor 3%, el pezón chupadero de la teta, del que chuparán, chuparán y volverán a chupar para engordar ellos como cerdos, a la vez que sus propios intereses personales; lo de hacer una dura campaña de protesta en favor de la decencia, y en beneficio de la sociedad, eso es algo que a esas empresas periodísticas se la refanfinflan.

Claro que para velar por la justicia están los profesionales de la jurisprudencia pero, la Prensa, en su "papel" de cuarto poder -el poder más cercano al pueblo llano; tan cercano que hasta hay quien se limpia el "ojo moreno" con hojas de El País, El Mundo, y hasta con las de La Razón, El ABC, y en Cataluña con las de El Periódico y La Vanguardia-. Pues ya veis, mis muy queridos camaradas y amigos/ as, a pesar de tanta cercanía, como os decía, no nos tienen en cuenta; no entramos en la línea de sus intereses.
El diario El Mundo, que yo he dejado de comprar, pero que lo sigue comprando mi mujer, con mi dinero, ha cubierto en el número de hoy, diez de sus principales páginas, incluidas portada y contraportada, con el tema del 3%, y una con las putas.

O sea, que casi a esas once páginas dedicadas al robo y a la prostitución, 


sumamos las de los anuncios, obituario y esquelas mortuorias, y prácticamente nos queda el horóscopo y el crucigrama, como buena información.

Tengo un amiguete que se extraña de que compre el periódico y no sea capaz de leerlo -hoy solamente he contado las once páginas-; no entiende que yo me defienda de tanta intoxicación. Comprarlo es una forma de ayudar a sus trabajadores.

Por Eloy R. Mirayo.

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