jueves, 11 de junio de 2015

¡POBRE PEDRO SANCHEZ!.

La noticia, leída en la primera página del periódico, de que Pedro Sánchez y Cayo Lara se reunieron para repartirse las alcaldías de una cuantas decenas de pueblos, ha excitado mi memoria, trayéndome viejos recuerdos.

No se si mi apreciación coincide con la realidad o, simplemente, obedece a la poca simpatía que me provoca la persona física y su personalidad que refleja a través de sus aburridas apariciones en los distintos medios de comunicación. Hablo del Coordinador Nacional de Izquierda Unida, el labrador sin callos en las manos, Cayo Lara. Este individuo, nefasto hasta para la formación política que coordina, con su anodino tono de voz; por su parquedad facial y su tristona estética, me recuerda a un conocido con quien mantuve trato amistoso, aunque bastante endeble; quiero decir que no le tenía entre los pocos amigos del alma que he tenido, y de los que aún me honran con su amistad: Rafael Estremera y Pedro Bahamonde.

Ildefonso, que así se llamaba, era un manchego, como el "enterrador" de IU, nacido en Argamasilla de Alba, de una tristeza y aburrimiento imposible, por exceso, de pesar y medir. 

Le conocí ya enviudado y padre; fruto de su dramático matrimonio, una hija, pollita ya, a la que había bautizado con el quijotesco nombre de Dulcinea, a la que todos, al referirse a ella, en recuerdo de su padre, le decían Dulcinea del Tedioso. Pobre criaturita; vestida siempre de negro, zapato plano y cabello liso. 

Contaban los más próximos, que su mujer la madre de Dulcinea, murió de un ataque de risa, habituada a la tristeza del hogar conyugal, sufrió un ataque cardiaco cuando alguien le contó el chiste de la vaca. 

Ildefonso vivió toda su vida triste, aburrida, tediosa, y murió de la misma aburrida manera: el pobre Ildefonso, murió sentado en el sillón frailuno que heredó de su padre, que había heredado del suyo, con la mirada sobre una fotografía aérea a todo color de se pueblo natal; contemplar aquella foto fue su única diversión durante toda su tediosa existencia. 

De repente se le empezó a abrir la boca en un de sus clásicos bostezos, expresión de su "divertimento", y siguió abriéndosele, y siguió abriéndosele; hasta que por la excesiva apertura la barbilla se le clavó en la traquea, lo que acabó por cortarle la respiración hasta la asfixia.

Jamás mi caridad cristiana la he malgastado apenándome por las desgracias que le pudiera afligir a gente de esta asquerosa izquierda; jamás, hasta que me he enterado por El Mundo, que Pedro Sánchez se había reunido con Cayo Lara. ¡Pobre Pedro Sánchez! Bien haría el PSOE pagándole una cura anti-tedio en Cuba, en el "Tropicana" o  "Macumba",

que le vuelva, después de haber malamente sobrevivido al reparto de las migajas municipales (unas cuantas decenas de alcaldías) con Cayo Lara, a su pimpante naturalidad.

Por menos dijo preferir Hitler que le arrancaran unas cuantas muelas. 

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