jueves, 25 de junio de 2015

DEMAGOGIA Y PROPAGANDA HUERA.

El sectarismo de la izquierda siempre va unido a los bajos instintos humanos; su normalidad no es hacer las cosas en beneficio de, sino en contra de.

Dentro de esa maligna dinámica tenemos grandes ejemplos, como es legalizar la unión de dos personas del mismo sexo,

como matrimonio, a sabiendas de que las condiciones que se dan en el matrimonio tradicional, ni de lejos se parecen a las condiciones que se dan en las uniones homosexuales. La cosa es fastidiar. No era necesario para reconocer unos derechos que yo no discuto, retorcer el brazo al significado de la palabra matrimonio.

No creo que sea demagógico decir que la diferencia entre las dos fotos es lo suficientemente notoria como para obviar lo antinatural de esa realidad, y se haya llegado a legislar como cosas exactas.

Lo he escrito muchas veces y no me molesta escribirlo una vez más. No soy homófobo; no me molesta más una persona homosexual, que una persona heterosexual que me moleste de alguna incorrecta manera. Y entiendo que todas las personas tienen derecho ha disfrutar de su sexualidad, sin ofender, ni ser ofendido por ello.

La llegada de los desechos de tienta, okupas y antisistema a ex-excelentísimos ayuntamientos, con sus comportamientos, viene a reforzar mi tesis; además de algunas excentricidades, lo único que hemos visto de algunos ayuntamientos, es el manejo de la demagogia y de la propaganda huera. Las personas inteligentes no esperamos de ellos otra cosa que el "joder por joder". 

Pero, y ahí aparece su malignidad: la búsqueda de héroes de la nada, pero con mucha posibilidad de crear polémica, desalojando nombres ilustres de sus plazas y calles, para buscar soluciones "habitacionales" a difuntos sin más lustre -menguado lustre- que ser uno de ellos. Prueba irrefutable de malignidad es lo que parece que se les ha ocurrido al "gentío" que "okupa" el Excelentísimo Ayuntamiento de Madrid.

Esta plaza, que lleva el nombre de Vázquez de Mella, político, filosofo y escritor, parece que va a ser rebautizada  con el nombre de Pedro Zerolo, difunto reciente, socialista del que lo más notable que conocemos, es que su "marido" le proporcionaba unos increíbles orgasmos.

Reconozco que sobre los méritos exigibles para que el nombre de alguien luzca en el azulejo por el que se conozca a una calle o una plaza, se sale de mis conocimientos; pero no creo que por unos orgasmos, por muchos que fueran, Zerolo tenga más derecho que Mella.

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