martes, 12 de mayo de 2015

OTRA VEZ A GASTAR UNA PASTA EN LIMPIEZA, EN DESINSECTACIÓN Y DESINFECCIÓN.

El próximo día 23 de mayo, día de reflexión, hay quienes se proponen, saltándose a la torera la legislación vigente, festejar la toma de la puerta del Sol, el 15 de mayo de 2011.

Una efeméride digna del sistema democaquito que nos atormenta y nos empobrece, al tiempo que avergüenza a España ante el Mundo.

Ese día 23, las hordas rojas del porro, el piojo y la ladilla, se proponen invadir el punto cero de las carreteras españolas, que como es sabido se encuentra en la Puerta del Sol; la plazuela castiza de Madrid, la bella ciudad mundialmente conocida en todo el mundo por ser la  capital de España.

Otra vez a gastar una pasta en limpieza, en desinsectación y desinfección de la plaza y sus aledaños.

Cuando los españoles decentes y agradecidos celebramos el 20 de noviembre, el sistema y sus voceros nos califican de extrema derecha, estúpida manera de encuadrar que usa la basura humana con quienes no creemos en la inmundicia política. Extrema derecha; fascistas; fachas. No es lo mismo con las "escurriduras" propias; antisistema; ocupas y otras malas hierbas. Ni el sistema, ni sus voceros hablan de IU, como una organización comunista; tampoco le dan ese mismo trato a Podemos, ni a pesar de que lo son, les apostillan de extrema izquierda. A las hordas del piojo, el porro y la ladilla que el día 23 de mayo tomarán al asalto la puerta del Sol, con la misma poca oposición policial que el año 2011,

no les señalan de extrema izquierda, palabras que unidas han situado fuera del diccionario; sino que les conceden el respetuoso tratamiento de "indignados".

La izquierda española, por muy variada que se la vea, toda ella forma un sólido tronco del que, como ramas, dependen ideológicamente todas las siglas existentes, y las que sin duda nacerán. El comunismo, gracias a la idiotez humana, representada en la derecha fofa, es una energía que se autoalimenta de sus propias excreciones, y de ellas se propulsa.

El día anterior a la celebración de unas elecciones no está permitido ninguna clase de acto de propaganda política, y quienes concurren como elegibles, dentro de unos limites, lo han respetado. Tenían que presentarse los comunistas, versión anticasta, Podemos, para que se rompa, a través de una de sus múltiples siglas, una ley de casi cuarenta años de vigencia. El comunismo es revolucionario y asesino, aunque aquí, por las circunstancias, siendo

cabrón, se envuelva en la piel de un chivito

lechal.    



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