viernes, 29 de mayo de 2015

ESPAÑA NO DEJA DE ASOMBRAR.

España, políticamente, no deja -unas veces para bien y otras para mal- de asombrar; pareciendo ser una nación muy exagerada.

Uno de los grandes asombros, más mito que realidad, es la tan traída y llevada transición de lo que llaman Dictadura Franquista, a esto que dicen Democracia y que, haciendo un desapasionado estudio en profundidad, no pasa de una Democaca de la vaca suiza "Melera"

y, para eso, aplicando al asunto un buen pellizco de inmerecida buena voluntad.

La deleznable "especie política" (algunos aún con el pecho teñido  de "azul Mahon")  que como la cizaña en el trigal brotó a la muerte del "dictador",  en una apropiación indebida, se arrogó como mérito la tranquilidad con que se llevó a cabo el cambio de sistema que, como los hechos tozudamente nos repiten a diario, está resultando ser una autentica felonía de espoleta retardada, cometida por gente más interesada en sacar propios beneficios, que en reparar los posibles defectos de aquel Régimen que, como en toda obra humana hay que aceptar que los habría.

Si es que en esa transición hubo algún arte, los verdaderos artífices, fuimos los españoles,
acostumbrados a respetar a quien nos había gobernado con mano firme y segura durante casi cuarenta años; respeto que se nos pidió para quien nos dijeron que era el continuador de la gran obra comenzada el 1 de abril de 1936, y que nos resultó "rana".

Quizás, digo yo, los países que tomaron nuestra transición como modelo, debería tomar nota de las consecuencias; el comunismo que tanto sufrimiento y tantos crímenes ocasionó, nos ha vuelto de la mano de sus nuevas generaciones.

Una edil del ayuntamiento de Rafelbunyol ha escrito en Facebook que espera que tras el 24-M no vayan a quemar iglesias y a violar monjas. ¿Es una esperanza-temor exagerada?. El medio que recoge dicho comentario se extraña de que por el mismo conducto no haya mostrado arrepentimiento.

Tal vez el gacetillero de VOX POPULI (El Mundo) en vez de exigir el arrepentimiento de su comentario a la edil Nuria Losada, podrá haberse tomado el trabajo de enterarse si los que cometieron aquellas barbaridades


fueron capaces de llegar a arrepentirse y, ampliando su interés, preguntar a los actuales cachorros de la hoz y el martillo, si creen que el comunismo nacional, en su amplio espectro, debe exteriorizar su arrepentimiento de aquel bárbaro comportamiento. Y, con el resultado obtenido, exigir o no, el arrepentimiento a Nuria.

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