lunes, 26 de enero de 2015

MEZCLA DE VINAGRE Y MIEL.

No se cortan una miaja los políticos, ni los comentaristas que nutren las tertulias en las televisiones y radios, ni los columnistas de los periódicos nacionales; los muy mamones

aprovechan cualquier ocasión, venga o no a cuento, para pegar puñaladas traperas a lo que ellos, en su gilipollez innata, han dado en calificar de Extrema Derecha que, salvo error u omisión solemos ser gentes más decentes, fieles y honrados que todos ellos juntos, sumando a sus familias, el perro y el canario flauta.

La cosa es que de las elecciones de ayer en Grecia, lo que les ha llamado la atención de manera negativa es que Amanecer Dorado -a quien colocan en la extrema derecha-, con 17 escaños (6,30 % de los votos) es la tercera formación política de aquel país. 

La conclusión a la que han llegado es que, coincidiendo con la crisis económica, resurgen las dos extremas



lo que representa un peligro latente, porque eso fue lo que llevo al Mundo a soportar dos cruentas guerras; la segunda ocasionó cerca de sesenta millones de muertes entre combatientes y civiles.

Y, la cosa es que es verdad; cada vez que los inútiles 


y golfos arruinan la economía local, continental o mundial por haberse llevando hasta los cuadros, y las alcayatas que los colgaban en las paredes,

surgen grupos de personas que aportan nuevas maneras de hacer las cosas de la gobernación -bien

y otros mal-.

Por la derecha han dejado el rastro personas que quieren una justicia estricta y universal en todo lo que implica la gobernación; justicia en el reparto de la riqueza creada; justicia impositiva y justicia en lo penal. Respeto a las creencias religiosas y hacia los valores humanos; y valorar en su justa mediada la trascendencia individual y colectiva del ser humano.

Por el otro extremo, la izquierda, no hay más que seguir el reguero de sangre que van dejando, para saber a donde quieren llegar, y de que modo.

Grecia ha elegido la extrema izquierda para que arregle el tremendo problema en el que los dirigentes democráticos, -de la derecha y la izquierda democráticas- les han metido. Los griegos han entregado sus esperanzas -hace falta ser insensatos- a la Syriza de Tsipras, paso anterior al  suicidio colectivo. Nunca, en ningún país del Mundo, el comunismo ha sido capaz de alcanzar un mínimo nivel de riqueza, a parte de la que beneficia a la nomenclatura del partido.

Nuestro José Antonio dijo que prefería una España roja a una España rota; eso es lo que ha debido pensar la derecha nacionalista griega dando su apoyo a Tsipras, para poder Gobernar. Es una mezcla de vinagre y miel... Ahora ya no les queda otra a los griegos, que hincarse de rodillas y pedir a Dios que se apiade de ellos.

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