martes, 25 de noviembre de 2014

ENTRE BOMBEROS NO SE PISAN LA MANGUERA.

Entre bomberos no se pisan la manguera.

Esta es la máxima que los partidos políticos de esta Democaca, respetan de manera total. Son como los perros, se ladran

pero no se muerden,

porque se agarran a la formula de hoy por ti, mañana por mí. Y es que tienen la seguridad de que siempre están inmersos en el hoy y el mañana en sus... digamos que raras vidas; aunque se podrían encontrar otros adjetivos más acorde con el cabreo nacional. Cabreo nacional, aunque capado y silencioso, que es su típico estado de animo.

La "calle" está triste y en silencio, solamente roto por el monótono ruido infernal de la Batukada, que acompaña musicalmente los ladridos programados contra el gobierno -o lo que sea- actual, por los mastines de los sindicatos y los partidos de la apestosa izquierda.

A España, los representantes de la Desvergüenza Integral decidieron, como preludio -del despiece federal-  trocearla en dieciocho porciones dispuestas, cada una de ellas, a demostrar las grandes diferencias que las distingue entre si del resto, por lo que desde entonces andan todas -unas más y otras menos- empeñadas en encontrar una inexistente singularidad, a costa de cargarse

su ancestral participación en la generalidad nacional que debería enorgullecerles. Aquellos ilegales constituyentes, con la maligna decisión de clavar en la Constitución la palabra "Nacionalidad", que eleva a unas y discriminan a otras regiones, eran conscientes de la traicionera puñalada trapera que le habían asestado a España. Como también eran conscientes, para eso se trasvistieron de apuñalador Bruto, que de aquella desleal herida bramaría la sangría separatista que, a su tiempo, cuando el recuerdo de Franco y del Movimiento Nacional tuviera para la masa amorfa la misma vigencia que el de los reyes godos, se produciría la grandísima cabronada milimétricamente diseñada, con espoleta de explosión retardada.

A lo largo y ancho de la Historia de España, y hasta en la aun más añeja Hispania, por mucho celo que uno ponga en la empresa; por mucho ímpetu con el que uno intente bucear en ella, no podrá encontrarse un enemigo más pertinaz y con peor propósito contra España, que el español que decide hacerse su enemigo, sin más razón que su intrínseca maldad.

España está sufriendo la existencia de dieciocho comunidades autónomas, y una super autonomía que es la que la "sin clase" política que se ha fabricado para su tranquilidad en la desvergüenza, y su derecho de pernada en los beneficios industriales y comerciales, sin tener más industria y más comercio que el trinque de la "comisión".

Aquí, en la España de hoy, solamente tienen posibilidades de medrar los productos salidos de las cuadras de los partidos políticod; razón por la que se producen, se reproducen y se vuelven a reproducir hasta el infinito los apellidos políticos.

¿Eso es de país bananero? No; eso es este país, al que han convertido en un negocio familiar.

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