jueves, 30 de octubre de 2014

A GRANDES DELINCUENTES, BARBARAS REPRESALIAS.

El hijo de una tabernera turca y de cien mil piratas caribeños tiene más razón que san Tito, cuando asegura que Rajoy se escuda en el Tribunal Constitucional porque le falta coraje político.

Cierto; tiene usted, señor apátrida, mamón de los cojones, más razón que san Tito; pero tienen ustedes, los de su calaña, jodidas mierdas apestosas, la grandísima suerte de que en la actualidad, esté Mariano Rajoy en la presidencia del
Gobierno de España, y un Borbón en la secuestrada Jefatura del Estado. (¡En otros pasados tiempos les quisiera haber visto!) Seguramente, por que uno no tiene ni idea de lo que debe ser gobernar el galimatías de la autonomías que han montado, y el otro, me gustaría creer que porque el sistema no le permite defender personalmente y con la hombría requerida su reino, no está toda la reata separatista pagando su cabronería en la más lóbrega, húmeda e inhumana de las prisiones españolas (En la que encarcelaron al patriota vilmente engañado, don Antonio Tejero, por poner un duro ejemplo).

Solamente un gobierno timorato y sin autoridad moral, es capaz de asistir a una rebelión como la que se está perpetrando contra la integridad de España, sin echar mano de las variadas posibilidades de aplastarla, con la contundencia que elija el rebelado. Un gobierno que para defender al Estado, además de la Policía Nacional, tiene al Ejercito y en él, a la Guardia Civil y la Legión, no tendría que estar permitiendo el espectáculo rijoso y pueblerino que Arturito y sus mariachis están interpretando.


Pero la falta de coraje del señor Rajoy,  no es solamente en lo que el separatismo representa; esa falta de coraje también se está haciendo patente con la "natural" creación de corrupción que la Democaca es capaz de generar espontáneamente; corregida y aumentada por la mala clase de material humano que la manipula.

Entiendo, pero no acepto, que el temer mañanero de don Mariano, cundo se va a encaminar a la sede del PP, ha de ser de dimensiones estratosféricas, temiendo encontrar, esperándole, uno a cada lado, en la mismísima puerta del edificio de la calle Génova, como los leones de las Cortes, la madre y el padre de todos los latrocinios, llevados a cabo por cualquiera de las personas más afines a su deteriorada persona.

Si es que él (mi respetado señor don Mariano) -espero que así sea-, no ha metido mano pecadora en la caja, y quiere arreglar el tremendo entuerto que a todo nivel político hay formado; aquí abajo, le presento una buena medicina para acabar de una vez por todas con la plaga de ladronzuelos, ladrones, ladronazos e hijos de puta trincones, que parece imposible de ser descastada. 

¡Mire usted por donde, don Mariano! Como soy un muchachito muy creativo, por el camino se me ha ocurrido esta segunda opción, que tampoco está mal. Oiga, también da muy buenos resultados.

A grandes delincuentes, bárbaras represalias. ¡¡¡Yo tiro de la cuerda!!!

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