lunes, 8 de septiembre de 2014

¡AY, QUE LECHE!.

Hace unos días un buen camarada me decía muy seguro "No lo des más vueltas, Mirayo, nosotros somos como la leche recién ordeñada; no existe mejor leche pero la que se vende en estos momentos es la mala leche; esa cosa insípida que las autoridades, obligatoriamente nos hacen beber, con la etiquete de Entera, Semidesnatada y desnatada total que no es otra cosa que agua blanca (inválida hasta para escribir en las cristalera de una taberna, "Hay callos a la madrileña, 6 euros ración y patatas bravas, 4,50) enriquecida artificialmente en laboratorios franquensteinianos con grasas de sabe Dios que clase de animales.
Nosotros, como te decía, somos, aunque no lo sabemos defender adecuadamente, la leche que mana sana y pura de los pezones de las ubres de las vacas, algo proscrito en estos momentos ("por estar macizo de bacterias dañinas") por una de esas extrañas organizaciones internacionales infectadas de políticos democaquitos con suculentos sueldos, que han dado luz verde a esos tres tipos de... ¿producto lácteo?, que viene a dejar muy clara la estupidez dictatorial de los sistemas políticos y los intereses comerciales imperantes. Las tres categorías de esa "leche jodía" que  la aceptación borreguil de nuestra sociedad, ha hecho capaz de tragarse sin la lógica protesta semejante pócima, como si fuera auténtica leche pura de vaca".
 
La exposición de nuestro camarada consiguió hacerme sonreír, recordando el comentario de un democaquito, como respuesta a mi acusación de culpabilidad directa  de los males actuales de España, al sistema político, y a la gentuza que es capaz de generar. "Eloy; vosotros los fachas sois la leche". "Si, somos la leche, pero con mucho CAFE". Fue mi contestación que, por su condición democaquita, seguro que no llegó a entender el significado de mis palabras.
 
De la misma manera que la leche de vaca, del ordeño al consumidor, ha desaparecido del mercado, quedando solo como un nostálgico recuerdo en la mente de la ancianidad; nuestra lealtad a unos gloriosos principios, también han quedado fuera del mercado. Ya nadie quiere la leche de vaca, aunque pudiera comprarla; la gente se conforma con lo que sale del "Teta Brik"; del mismo modo que se conforman con "lo que hay"; nadie quiere aceptar el significado de la palabra Patria; a la gente nueva les resbala sentirse patriota; prefieren la denominación amariconada y poco comprometida de ciudadano del Mundo.
 
 
No se si la "vía láctea" que mi buen camarada me quiso mostrar como símil a nuestra situación política (Nacional-Sindicalismo), ha quedado clara. Yo creo que lo que quiso decir -sacadme del error, si no- es que, por nuestra "peculiar manera de buscar enemigos entre nosotros mismos", en vez de mostrarnos como una "foto mejor", lo que hemos mostrado es la penosa imagen de quienes enfrascados en naderías, dimos tiempo a que "los galgos" de la fábula se nos tragaran.
 
Pues... yo sigo creyendo que eran podencos... y usted, ¿Tomás de Iriarte? 
 
¡Ay que leche!.
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