miércoles, 4 de noviembre de 2026

¿QUÉ MÁS TIENE QUE OCURRIR?

¿Qué tiene que ocurrir en España para que los españoles hagamos algo más que quejarnos “bocabajobajitamente” y en soledad, (no sea que nos llamen fascistas ¡mía tú qué!), rezando afligidos al Santísimo para que Él nos libere de la tremebunda maldad con la que Pedro Sánchez nos mantiene sometidos, absolutamente apartados hasta de la mínima porción de libertad física, y económicamente violados a perpetuidad?

Sí; ¡claro que sí! Hay que decir la verdad… aunque uno no salga muy bien parado en la “foto”. ¿Es necesario que nosotros, los cuarenta millones largos de españoles, nos pongamos a orar de rodillas (parece que no servimos pa más) y pidiéndole a Dios… Él, es muy posible que nos diga lo del viejísimo chiste:

- “Hijos míos, para no sumergiros en estas aguas, además de rezar, que está muy bien, ¡no seáis idiotas, coñe! pisad por las piedras”.

Avergonzados deberíamos estar viéndonos todos en el espejo, cada uno el suyo, y así, mano con mano en la oscuridad (pa qué la luz) sin atrevernos siquiera a salir de casa, esperando el milagro el 29-N. Pues eso es lo que espera la prácticamente la totalidad de los tontimócratas de este país. Hay que esperar. Esperar ¿a qué esperar? ¿a que terminen de enlutarnos a España y a los españoles lo poco que aún queda? Tiempo han tenido para ello. Tiempo para que las huestes chorimócratas Sanchistas con el Chorimócrata Mayor, don Sánchez a la cabeza, lleven a cabo canalladas como las que se dieron con nueve meses de separación entre ellas, la primera en Adamuz (Córdoba) el día 1 de enero de este año y la segunda el pasado día 30 de octubre en Urda (Toledo). Más de un ciento de víctimas mortales y más de trescientas personas lesionadas de distinta consideración, alguna tremenda.

¿La Justicia en España? ¡De primera división! Si el presidente de este terrorífico gobierno no es capaz de encontrar, ¡el diablo sabrá dónde!, la fórmula (olvidada por los “Papás” de esta frágil Constitución), una fórmula tramposa que le permita tramposamente, que es su naturaleza, retorcerle el brazo hasta que cante aquello de: “mi carro me lo roba-aron anoche cuando dormí-í-í-a…”.

Y mientras la música suena y el carro vuela, nosotros seguimos aquí, acomodando el cuerpo al sofá de la resignación, esperando que el calendario nos traiga, como decíamos antes, un milagro caído del cielo. Nos han robado la cartera, nos están desmantelando la casa en nuestras narices y nuestra mayor valentía sigue siendo el susurro indignado entre cuatro paredes. Salir de la comodidad del lamento "bocabajobajito" es el único camino que nos queda si es que de verdad aspiramos a ser algo más que cómplices mudos de nuestra propia ruina. O pisamos las piedras de una vez, o terminaremos ahogados en el lodo de nuestra propia cobardía. 

Tendremos que votar a VOX, ¿no?

Eloy R. Mirayo.


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