viernes, 4 de noviembre de 2016

RELAJACIÓN INACEPTABLE.

"Cómo prevenir el consumo de alcohol en menores: pautas para padres y madres":
"Enseñar comportamientos y hábitos saludables".
"También es importante establecer un sistema coherente de normas y límites".
"Si ya existe una sospecha de consumo, debemos actuar con prudencia".
"Uno de cada tres escolares consume alcohol en forma de atracón".
"El suceso ocurrido esta semana en el que una niña de 12 años ha muerto debido a un coma etílico cuando participaba en una fiesta de Halloween". 
“La media de inicio está en 13,9 años".
"Lo mejor para prevenir es concienciar".
"El 30% de escolares se da atracones de alcohol los fines de semana".

No se pone el mismo énfasis en atacar al consumo de alcohol como el que se emplea para erradicar el uso del tabaco. Y es chocante porque según la Organización Mundial de la Salud (OMS), al alcohol se le considera como una de las más peligrosas drogas para la salud, tanto física, psíquica y también social. Y me choca porque allí donde se expende sin ningún tipo de prohibición,  si se prohíbe -me parece bien- el consumo del tabaco.

Cuando después del caso de la niña de 12 años muerta por un coma etílico, se nos dice que el inicio en el consumo alcohólico en este país empieza a la edad de 13,9 años, es obvio que las cosas no se hacen como es debido por parte de los padres; de las autoridades escolares, ni de las autoridades políticas. La relajación de la sociedad ante semejante lacra, es inaceptable.

No me cabe a mí la toma de decisiones; pero eso no es impedimento para que, desde esta sencilla página, señale a toda la sociedad de este país como un gran modelo de cinismo e hipocresía. Muchos médicos que crucifican -seguro que con razón- al tabaco, se ponen hasta las cejas de bebidas espirituosas, 

aún en horario de consulta; los hay que beben incluso antes de entrar en quirófano; directivos de ONGs, anti tabaco que también se abrazan al güisqui, al vodka, a la ginebra o cariñosamente se "besuquea" con el "mono del anís". 

Soy un simple artesano sin el suficiente conocimiento científico para atacar o defender con criterio el grado de peligrosidad que cada uno de esos vicios puedan acarrear, tanto al usuario como al resto de los mortales que ni fuman ni beben alcohol, o lo hacen moderada y circunstancialmente. Pero el sentido común, y la percepción que soy capaz de alcanzar de cada uno de estos vicios es que, mientras que el fumador el ataque del que me puede hacer víctima es,"envolverme" en el humo de su cigarro mientras que el bebedor me puede arrollar con su vehículo ocasionándome infinidad de traumatismos y roturas óseas, y en el peor de los casos, hasta la muerte. Un fumador, repito, te echa el humo; un bebedor puede ser agresivo, en la calle ante cualquier persona, y en casa contra la familia (mujer e hijos).

Y es curioso que precisamente el ser adicto al alcohol en ocasiones, ante la justicia, puede ser un atenuante "estaba borracho; no era dueño de mis actos".

Uno de los consejos que se dan a los padres es "establecer un sistema de normas y límites". 

Pero luego resulta que esto es un botellón celebrado en el Campus de la Complutense ¿por dónde andaba la autoridad universitaria? Y, ante semejante asunto ¿qué pueden hacer los padres?. 

Eloy R. Mirayo.

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