martes, 16 de agosto de 2016

NO LO PUEDEN EVITAR.

No lo pueden evitar; son herederos del dirigismo apabullante y totalitario soviético y, en cuanto se les presenta ocasión, no dudan un pijo en aplicarle con la mayor contundencia que su maldad les proporciona. 

La agitadora catalana de masas que, por culpa del asqueroso sistema político en juego ostenta el cargo de alcaldesa en el ayuntamiento de una de las más importantes capitales de provincias de este país, al más auténtico estilo soviético, exhorta a los ciudadanos para que espíen e indaguen en su vecindad, 


y denuncien a quienes sin ningún tipo de permiso oficial, alquilen inmuebles, de los que se han dado a llamar "turísticos". Y, no contenta con ello, para ampliar la busca, ha contratado a unos cuantos "coleguillas" (afines, como es fácil imaginar) con sueldo a cargo del municipio, para que también ellos, como perros de presa, olisqueen hasta cobrar la "presa".

No es que yo este o no de acuerdo con que exista esa práctica que imagino, en algunos casos delictivos y mafiosos contraproducentes para el sector turístico, y otros casos habrá que representen una ayuda a la supervivencia de algunas personas de bien. Para solucionar ese entuerto, como cualquier otro, está la ley y sus administradores con la potestad de actuar con conocimiento y en conciencia, que para eso entraron en la carrera judicial.

Con lo que jamás estaré de acuerdo es con que cualquier mindundi salido de una "casa okupa", 

cree, porque le salga de la punta de su herramienta sexual, un temible "CSCP" (cuerpo soterrado de comisarios políticos) como los que, por ejemplo, han sido puestos en aquella importante capital catalana -y en otra del mismísimo centro-, que decía al principio de esta hojilla por qué, una vez puestos en movimiento el primero de los grupos de acción fiscalizadora, denuncia y sanción, la sucesión de cuerpos similares será un chorreo en cascada que caerá como una plaga de langosta sobre toda la superficie terrenal de este triste país -en el que peno mi exilio-, y por cada uno de sus indefensos rincones. 

Así, veremos cómo los matrimonios -y parejas de hecho y deshecho- se denunciarían ante la autoridad entre si; los hijos lo harán de sus padres; también unos contra otros entre hermanos e igual harán los padres a sus hijos; y en las empresas se denunciaran directivos entre sí y a sus trabajadores, y los trabajadores lo harán entre sí y contra los directivos; en los centros de enseñanza los "pleitos"

caerán unos contra otros entre alumnos y profesores; en los hospitales entre el personal sanitario, los subalternos e incluso con la participaciones de los pacientes, y como diría mi abuela Leonor, hasta se dará el caso entre el Papa, la Curia Vaticana con todos sus dicasterios, los cardenales y obispos, los inquilinos de los confesionarios y los pecadores que se les acerca buscando la absolución a sus pecados. Así las denuncias serán en todas direcciones que posibilita la KGB "spaghetti sovietoski" nacional.

100.000 pisos puesto en alquiler ilegal. Eso es una práctica que perjudica a los establecimientos legalmente establecidos, y ellos son quienes, teniendo en cuenta las altas tasas a todas las instituciones del Estado -bocas insaciables- que han de pagar por desarrollar su trabajo, deben ser quienes busquen el amparo de la ley.

¡100.000 pisos turísticos! Los ojos de ambas munícipes, se han agrandado como platos soperos, pensando en la cantidad de euros que podrían ordeñar a tan milagroso y magro maná. Diez mil pisos cotizantes ¡Ascolta Carma; mójasenme hasta les calces!.  

Nadie puede con razón pensar, y hasta llegar a creer, que el celo de semejantes criaturas, tan feas y con tan escasa conciencia de las obligaciones de sus cargos, es únicamente por preservar los legítimos intereses de los empresarios hosteleros de sus feudos, y preservar de la amenaza que ese comercio clandestino supone para la continuidad de sus negocios. No; porque esas gentes no han salido de su "okupación" con la idea de arar, regar y recoger el fruto, sino para "apañar" todo el fruto que otros si lo hicieron. 

Eloy R. Mirayo.

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