martes, 10 de mayo de 2016

LA OBLIGACIÓN DE LOS GOBIERNOS ES FACILITAR LAS COSAS.

Mala cosa es que sean los bancos los que hagan subir la Bolsa española. Eso, que la compra-venta de dinero (puta usura) sea el negocio más boyante del país, no da para muchas alegrías de cara al futuro.

Es sabido, hasta por mi, que los gobiernos no son quienes han de crear puestos de trabajo, a no ser los de funcionarios, cuando y cuantos sean necesarios para que las instituciones del Estado funcionen adecuadamente. ¿Entonces? La obligación de los gobiernos es la de facilitar las cosas para que la industria y el comercio crezcan y se desarrollen, porque son estos quienes tienen la vocación y la necesidad de crear empleo que justifique su existencia.

En los últimos años, por falta de inteligencia y exceso de desvergüenza, prácticamente esas instituciones estatales, muchas en manos amateur, han sido las únicas, a base de "enchufar" a sus "prójimos" y "prójimas" de crear empleo, aunque ese empleo no sea precisamente el que nos saque de la larguísima crisis que venimos padeciendo. A no ser que a muchos de esos "enchufados" se los exporte al extranjero, haciéndoles pasar por carne de cerdo. Apenas se notaría.

Cuando los políticos españoles, saliéndose de su "empleo", tocarse los perendengues o la "chirla", según el sexo, se les ocurre hacerse notar, siempre toman esa clase de cabronas decisiones que resultan nefastas para las personas decentes, trabajadoras y cumplidoras con sus obligaciones con la Hacienda, como sucedió con la apertura y cierre en el comercio madrileño de la señora Aguirre, que, aparte de beneficiar a amiguetes de partido -unos cuantos- hacen la puñeta a muchos comerciantes que se ven abocados a cerrar sus negocios; muchos de ellos esos pequeños y sacrificados negocios en los trabajan para poder subsistir la familia entera, padres e hijos.

Y no es cosa de ideologías, como hemos podido comprobar. Todos los gobiernos que hemos tenido la desgracia de sufrir desde 1975, siempre, sin excepción, han puesto el tablero de juego cuesta abajo a los poderosos, y súper empinado, 100%, a los demás. Por eso podemos ver cómo se desarrollan a velocidades de vértigo ciertas grandes empresas de construcción; de alimentación; de restauración; mientras a esa misma velocidad las calles de ciudades y pueblos se van llenando de locales comerciales cerrados a perpetuidad.

No seré yo quien impida -porque no tengo ese poder-

que las empresas crezcan, se desarrollen y se clonen cuantas veces quieran y puedan ser capaces; pero, en las mismas condiciones que los demás; sin subvenciones y sin exenciones de ningún tipo, que se justifiquen simplemente por su gran desarrollo; desarrollo que supone el crecimiento de sus fortunas. Me refiero, en primer lugar, a que se igualen porcentualmente sus obligaciones impositivas según las distintas capacidades de espacio y posibilidad de negocio e ingresos. 

Imaginemos los beneficios de Paco el frutero, y los de don Paco Roig (Mercadona); y cómo quedan, después de impuestos, el bolsillo de Paco, y el bolsillo de don Paco.

Las instituciones del Estado -para ser exacto; los individuos/as que suelen estar encabezando esas instituciones- son proclives a ser "comprensivas" con ese tipo de grandes empresas, además de por otras "poderosas y sustanciosas razones", porque se justifican con que al instalarse en su "dominio" autonómico o municipal, se crean cantidad de nuevas expectativas laborales. Lo que ninguna autoridad autonómica o municipal se justifica por la cantidad de medianos y pequeños comercios han de cerrar, ni por la cantidad de personas que van al paro, al prácticamente crónico paro;  ni por el "Mercedes" que a alguna de esas autoridades le ha brotado de manera espontánea a la puerta de su casa. 

Por Eloy R. Mirayo.

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