lunes, 15 de febrero de 2016

IMPÚDICA BESTIALIDAD.

Pasan cosas y se viven sensaciones que nunca, ni siquiera las varias décadas vividas, llegan a sacar de nuestro cerebro algunos de los recuerdos y sensaciones de nuestra niñez;  al menos eso es lo que a mí me ocurre, y no creo por ello ser un único y raro espécimen.

Ocurrió hace muchísimos años, siendo yo un crío de cinco o seis años: con un mayor de mi familia, fuimos  a un cine de sesión continua, de cuyo nombre no tengo ni el mínimo recuerdo: pero si me acuerdo como si hubiera sido ayer, de las dos películas del cartel, La Princesa de los Ursinos y El Último Mohicano

Hay cosas que van cincelando la personalidad individual y hasta la colectiva; os aseguro que a mí, me marcó muy profundamente ver el sufrimiento de una persona, que así, yo niño, veía en ese indio ataviado con poco más que un taparrabos, a ese perseguido Último Mohicano.

De tal manera que así viví mi niñez y parte de mi adolescencia; una especie de silueta silenciosa y solitaria; mis hermanos mayores tenían sus amigos y yo, únicamente me acercaba al "hombre blanco" -mis hermanos y sus amigos y amigas-, los domingos durante el tiempo que duraban las "reuniones", en casa de mis padres; aquellas blancas reuniones con Pick Up alquilado y bebidas suaves; impensables reuniones de jóvenes hoy día, sin condones, sin la receta de la pastillita del "día después", sin la muy probable sobredosis de alucinógenos, sin "porro", sin los seguros comas etílicos y sin el SAMUR.

Empezar a salir con quien ahora es mi mujer -a los diecisiete años-, me liberó de ese sentimiento "mohicanesco"; Julia con su maravilloso carácter y su generosidad amorosa obró el milagro, con la participación de Dios -siempre generoso conmigo-.

Así he vivido contento y feliz durante muchos años -no diré cuántos- hasta que hace poco el Mohicano se me ha vuelto a aparecer; aunque eso ocurre solamente cuando enciendo el ordenador y me pongo a escribir en este blog; no es que haya vuelto a sentirme el último Mohicano, ya que sé que al otro lado de esta pantalla estáis vosotros, mis apreciados amigos/as, camaradas/os, lo que no impide que la actualidad que me rodea, haga sentirme como un individuo de una etnia en proceso de extinción; eslabón de una corta cadena perdida; como un miembro de una civilización de superiores valores humanos, luchando diariamente para no ser infectada por la impúdica bestialidad reinante: aborto, eutanasia, paro y pobreza provocada por el egoísmo más despiadado, que es la principal seña de identidad del ser ¿humano? del momento presente, que cubre su maldad con unas minúsculas pinceladas de buenismo limosnero, su insolidaridad y falta de respeto por el prójimo, a quien desprecia, y de quien abusa protegido por la Política.

Por Eloy R. Mirayo

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