lunes, 2 de noviembre de 2015

LA COSA DEL SECESIONISMO NO ES CUESTIÓN RECIENTE.

El separatismo catalán le viene siendo a España, como le ocurrió a ese paisano que se le infecto una uña del pie, y por falta de decisión, hubo que amputarle la pierna a la altura del cuello. En estos días seguro que le habrán obsequiado flores en su actual lugar de residencia.

La cosa del secesionismo no es cuestión recientemente estrenada en Cataluña

y en las Vascongadas

provincias españolas en las que, para desgracia general, se sabía que existía un movimiento reducido de hijos de puta, lo sabíamos todos los españoles, sin necesidad de profundos estudios demográficos pero, como le ocurrió al finado de la amputación, por falta de la adecuada decisión, el número de esa especie, ha crecido -la especie hijos de puta se multiplica
con la velocidad de las ratas- hasta el punto de empezar a ser preocupante; no sería tanto si para esa lacra humana, en estos momentos, hubiera un buen cirujano, amputando en profundidad, que diera seguridad de que jamás habría temor de ulteriores reapariciones.

Buen ejemplo -algo atenuado podría ser- es lo que dice la prensa que va a ocurrir en Arabia Saudí; la justicia de aquel país, ha decidido en sentencia inapelable que a un chaval que cometió lo que allí se considera un delito siendo menor de edad -ahora anda por los 21 años-, que sea decapitado, para después, con la cabeza separada del tronco, sea crucificado, por haberse manifestado en contra del rey Salman.

Eso que si Dios no lo remedia le van a aplicar a Ali al Nlmr, se mire como se mire, es una bestialidad solamente al alcance de gente, que aunque camine a dos patas, está absolutamente fuera de la especie humana. 

Yo, por mi fondo religioso, no pido esa clase de castigos, por mucho que se diga que, a quienes se les aplica ese castigo, o semejantes, jamás volverán a reincidir, no es de recibo tan carga de odio contra el delincuente.

No se trata de cortarles los huevos a los secesionistas y hacérselos comer sin siquiera darles una vuelta en la sartén como castigo a su delito pero, algo que fuera ejemplar hay que ofrecerles a esos jodidos hijos de puta, ya que a ello se han hecho acreedores. 

Y después de cumplida su pena, si tan empeñados están en crear una república al margen, ahí, cerca del hospital militar Gómez Ulla, sigue existiendo el complejo carcelario de Carabanchel que, con una manita de pintura, se les podría dar como alojamiento a perpetuidad, para que con toda tranquilidad, lleven a cabo la creación de sus repúblicas.

Haciendo bien las cosas, empleando otros castigos, no es necesario andarse decapitando y crucificando al personal delincuencial.

Por Eloy R. Mirayo.

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