lunes, 16 de noviembre de 2015

DECLARACIÓN TOTAL DE GUERRA.

El atentado en París, debería hacer comprender a los líderes de nuestra política, la clase de asesinos con los que nos vamos a tener que enfrentar más pronto que tarde. Si Dios no lo frena, lo que hace unos días ha ocurrido en París, podría repetirse en alguna de nuestras ciudades.

La canallada que se ha llevado 129 vidas, pudo haber sido infinitamente peor, sin la milagrosa actuación de un componente del equipo de seguridad que descubrió a uno de los hijos de cerda puta, cuando se disponía a entrar en el campo de fútbol, llevando a la cintura un cinturón de explosivos. Esto ha ocurrido en la capital de Francia, pero como estamos comprobando, es posible que ocurra en cualquier ciudad del mundo.

Esto es terrorismo asesino; ahora les ha tocado a Francia; a la Francia que tan condescendiente fue con el terrorista etarra que asesinaba a mansalva en España y encontraba "el descanso del guerrero" en territorio francés. Muchas familias galas se han visto agredidas de forma definitiva, arrebatándoles de forma dolorosamente inesperada la vida de uno de sus miembros (mi corazón se aflige sinceramente); tan definitiva como lo fueron tantas familias españolas; muchas viudas y viudos; muchos huérfanos y muchos padres que jamás volvieron a recibir el beso de sus hijos, mientras las autoridades francesas del momento y muchos ciudadanos franceses encontraban motivos para desviar la mirada, obviando tanto dolor, o si no, agarrándose a falsos motivos que avalara su comprensión hacia la actividad asesina etarra. 

Con turbante o con chapela un terrorista es una peste cobarde que siempre, sin la menor vacilación, nos debe hacer aborrecerles y desear para ellos su rápida y muy dolorosa aniquilación.

El canallesco atentado de París, debería marcar el momento de la declaración total de guerra contra el yihadismo y contra cualquier otra forma de terrorismo; hoy nos enteramos que los cazas franceses han bombardeado en la ciudad siria de Ragga un centro de reclutamiento; un deposito de armas y munición; y un campo de entrenamiento. El bombardeo ha sido ahora, después del atentado ¿por qué no fue antes? Da la sensación de que las guerras han de durar el tiempo necesario para que el negocio armamentístico saque su beneficio. No aseguro que eso sea así, pero no me negara nadie que, con tantísima información y tantísimo poder bélico, no haya razón para la duda.

Los ejércitos en este conflicto tiene su clásico guión, si es que los ISIS son capaces, o están interesados en abrir un frente clásico, que me parece que no. En esta guerra, lo estamos comprobando, el enemigo lo tenemos instalado, en demasiados casos, en el piso de al lado de nuestra casa; sus hijos van al mismo colegio que nuestros hijos, aparca su vehículo en el mismo aparcamiento, y hasta es seguidor del equipo de fútbol o baloncesto que nosotros; y es posible que, poco antes de asesinarnos, hayamos comentado el resultado del partido del domingo.

La labor de las fuerzas de seguridad no deben ser caballeresca, pues el enemigo es un rufián. El servicio de inteligencia por supuesto que ha de hilar fino; pero, cuando se pasen los datos al operativo, el tiro mortal debería ser la actuación a seguir, si es que de verdad nuestras autoridades quieren ganar la seguridad y la paz.

Por Eloy R. Mirayo.

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