jueves, 8 de octubre de 2015

ALLÁ ELLOS Y SUS MENTIRAS.

"Un robo de cable paraliza los AVE en Cataluña durante cuatro horas"

"Esta cosas siempre han sucedido en el país". Es la clásica mentira-respuesta de los democaquitos, intentando hacernos creer que lo negativo que constantemente tenemos que sufrir, "en este plácido vergel", es una rutina heredada del franquismo. Allá ellos y sus mentiras que ya nadie inteligente cree, por mucho que insistan.

La Justicia, en su función autónoma, durante los "innombrables años del ogro gallego", era suficiente con sus apropiadas sentencias, para que los españoles pudiéramos gozar, en un altísimo grado de seguridad; mientras que el infractor las pagaba suficientemente caras. 

Las tornas han cambiado porque el cambio lo llevaban en sus mochilas los miembros de la novedosa aristocracia político-democaquita triunfante.

La absurda actitud de la clase política, que gobierna el primer mundo, tremolando a los cuatro vientos los pendones del buenismo (¡que desfachatez!), lo que está consiguiendo, sin resolver ninguno de los problemas que están creando con su injerencia, es que esos problemas se trasladen junto con los afectados, logrando el añadido de que ningún país pueda conservar su genuina personalidad, chafada y violada por el policromo empuje de la emigración explosiva que, desde las zonas pobres, esta en movimiento imparable; entre otras cosas, porque lo que está ocurriendo en los países fuente de la riada, no le importa a nadie.

Ahora, sin que para nada podamos opinar los naturales del país (nosotros, en España), se nos va a colocar, además del goteo constante por las fronteras de Ceuta y Melilla, varias decenas de miles de personas, de una cultura absolutamente distinta, a las que los gobiernos tendrán que proveer de todo lo necesario para su subsistencia y establecimiento; cuando en muchos de los países receptores, entre ellos nuestra patria, hay millones de autóctonos que carecen de todo, sin encontrar una ayuda similar.

Todas las sociedades del Mundo generan unos tantos por ciento de delincuencia, que las personas decentes y honradas sufrimos con resignación, y que las autoridades pertinentes consiguen reducir a niveles soportables. Eso fue hace mucho tiempo, en circunstancias normales. Pero, lo que hemos llegado a juntar aquí durante los últimos cuarenta años, mas lo que se nos avecina, lo soportable de antaño pasara a la categoría de "bien perdido", que será recordado con nostalgia infinita. 

La panoplia de figuras delictivas que ya se había ampliado con la llegada de individuos de los desmantelados regímenes comunistas europeos y con la llegada de subsaharianos, con el refuerzo que supone la llegada de estos refugiados asiáticos, seguro que con ello terminara por tocarnos el premio gordo ¡y la pedrea!. 

Eloy R. Mirayo.



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