martes, 3 de marzo de 2015

COMO LA MARABUNTA.

Ayer las televisiones nos mostraron unas imágenes tremendas, ocurridas en no se que lugar de los Estados Unidos de América, que vienen a unirse a otras del mismo cariz que ocurrieron en días pasados, con el mismo trágico final: la muerte de una persona por la intervención, aparentemente desmedida, de la Policía. 

No parece lógico que siete miembros de la policía, como vimos, no pudieran reducir a un presunto delincuente sin necesidad de hacerle cinco disparos, con los que le ocasionaron la muerte. La bestialidad de las policías en EEUU, es sobradamente conocida como para que yo vaya a hacer un comentario, que no tendría la menor repercusión en aquel país.

Lo que quiero hacer ver es la distinta manera de entender la Democracia en EEUU, y la Democaca en España.

En el caso americano la cosa se soluciona -creemos que es así- con la intervención del mecanismo natural dentro del reglamente del Cuerpo, y en lo que dictamine la Justicia ordinaria. 

Allí nadie de la política usa ese tipo de incidentes como herramienta política de desprestigio, con el rebuscado fin de derrocar a un presidente del Gobierno Federal, ni al alcalde como máximo mando de la Policía, ni a nadie que no sean los individuos involucrados en tan grave incidente.

La Democaca española es otra cosa; esta Democaca hispana, más próxima a la bolivariana que a cualquiera de las democracias de nuestro entorno, reaccionaría como nos tiene acostumbrados. 

Ante un impensable incidente de esa envergadura -teniendo en cuenta el normal funcionamiento de nuestros policías-, en cualquiera de nuestras autonomías, aunque fuera en una de las pocas que están en manos del rojerío, las hordas encabezadas por "hispano soviet supremo" acompañados por la izquierdita pesoiniana, se lanzarían como buitres, no contra los causantes directos; no contra sus jefes policiales; no sólo contra el presidente autonómico, no
contra el ministro de Interior, sino contra todos ellos, e incluso contra el Cardenal Primado; contra el rey don Felipe VI, además de pedir que la "Cruz de los Caídos" en Cuelgamuros, (El Escorial) se transforme en un macro prostíbulo donde pudieran trabajar sus madres, compañeras y hermanas con la máxima comodidad y holgura. 

En este magnifico lugar, quitando el ara, y los demás símbolos religiosos, la más destacada de ellas, seguro que se sentiría totalmente realizada instalando la pecaminosa yacija donde desarrollar el tan viejo oficio de puta.

Es la masa "okupa" de la que están hechos estos personajes de la izquierda extrema, o de la extrema izquierda, que tanto monta. Son incapaces de crear, pero son maestros en derribar. Estos casi cuarenta años a quienes lo hemos querido ver, nos han mostrado que la izquierda en el Poder es, como la "marabunta": por donde pasa lo deja asolado.

¡No importa! ya vendrán los memos de la derecha a solucionarlo; y cuando lo logren, volverán las odiosas hormigas.


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