martes, 23 de septiembre de 2014

UN HURRA POR NUESTRA SANIDAD.

¡Por fin he encostrado algo que funciona con excelencia en esto que han dado en llamar país! Si, mis queridos camaradas/os y amigos/as (como mandan las nuevas ordenanzas progresistas) por culpa de unos pequeños problemillas de salud, he comprobado en mis pecadoras carnes que la Sanidad Española, la oficial, funciona como una maquina perfecta y que el personal sanitario es de primera división a nivel mundial. Magníficos profesionales y, como personas, encantadoras. Así no puede extrañar que sea un ejemplo a copiar por otros países de por el mundo adelante. 

Experimentando en mi físico las bondades del personal médico y del personal subalterno, no me queda otra que, como persona bien nacida, ofrecerles este sencillo homenaje como prueba de agradecimiento.

Yo, fui uno de tantos insensatos que, despreciando a la sanidad estatal, me decidí a contratar con una sociedad privada, el servicio sanitario para los cuatro miembros que ya componíamos la familia.

Hoy, recordando el tiempo que duró mi compromiso con aquella sociedad médica, y el resultado que nos dio, me veo como aquel estúpido que yendo de vendimia, llevaba uvas de postre. Si, verdaderamente me cuesta mucho no sentirme ridículo cuando recuerdo que, además del pago mensual, que no era paja, al hacer uso de cualquier consulta médica, incluyendo el practicante, había que entregar uno, dos y hasta tres cheque de un talonario que se compraba con anterioridad en la oficina social.

El resultado práctico es que por culpa de la mala organización de la Compañía, simplemente interesada en el resultado económico en beneficio y la mala praxis de los muchos médicos especialistas a los que fui con Julia (mi mujer) enferma grave; para que ella no me dejara solo (¡Gracias a Dios!), recurrimos a la Clínica La Concepción (la Concha) de la Fundación Jiménez Díaz y allí, fue operada de un tumor del tamaño de cuatro naranjas que, para el radiólogo de la sociedad médica, solamente era el velado de la radiografía.


Pero no fue solo el fracaso con mi Julita, sino que también fallaron con mi hijo Rufino (estos son los dos sufridores) que por una simple amigdalitis, estuvo cerca de quedar crónicamente enfermo; físicamente disminuido, si no algo mucho peor.

Ahora, como usuarios de la sanidad estatal, no se nos pide ninguna clase de cheques en pago, y la atención que siempre hemos recibido, es totalmente satisfactoria (a pesar de que se quedaron con mi dolorida vesícula, una vez que me la extirparon).

La Sanidad estatal (instaurada por el generalísimo Franco), este sistema democáquito de los últimos casi cuarenta años, aún con ministros como la señora Pajín, es lo único que, unas veces mejor y otra regular, ha sido capaz de mantener y hasta de mejorar, hay que joderse lo extraño que resulta.

Siendo como es la Sanidad un servicio científico, el inútil personal político que no se han enchufado en cargos públicos remunerados, no puede ser emboscado, como de costumbre hacen en otros servicios gubernamentales.   

Un hurra por nuestra Sanidad ¡Hip, Hip, Hurra!

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