Se está llegando a un punto en el que todo aquello, que en el tema del insulto y la definición de aquel que es el insultado, parece estar, después de tantísimos años, como desgastados en su gravedad. Es como si la sociedad necesitara encontrar insultos más potentes; más graves.
Aquellos insultos tan graves: hijo de la gran puta; maricón; cabrón, quizás porque el puterío (femenino y masculino había que ponerle un nombre, habida cuenta la dificultad de encontrar un trabajo cuyo jornal cubra, sin excesos y sin lujos, los gastos normales: alimentación, vivienda, luz, gas…) ha dejado de ser un tabú marginal para convertirse, por pura necesidad de supervivencia, en una alternativa o una realidad compartida por demasiados. Al perder el estigma de lo excepcional, esas palabras pierden también su capacidad de herir; se desgastan. Por eso, en una sociedad donde lo que antes escandalizaba hoy es cotidianidad, los viejos agravios ya no bastan, obligándonos a buscar términos más descarnados para nombrar la verdadera bajeza.
Piénsese, por ejemplo, en un individuo al que otro le ha robado una fuerte cantidad de euros, una moderada fortuna fruto de una dedicación física e intelectual casi absoluta, prácticamente las veinticuatro horas de los días que componen treinta y tantos años de vida. Para propio desahogo, pareciéndole muy poco el uso de aquellos insultos tradicionales, y señalándole fijamente con el dedo índice de su mano derecha, le diría enfurecido: ¡Eres un perfecto Pedro Sánchez en su peor versión! Pero si el desbancado, una vez lanzado el novedoso insulto, no se siente satisfecho, aún podría darle mayor fuerza uniendo al combo un demoledor: «¡y agarrado a su Begoña!». Y para situaciones más o menos iguales, o daños de menor categoría: gilipollas, tonto de los cojones, barril de mierda, jode burras, etc., bien podrían ser utilizables: eres un Marlaska, un Óscar Puente, un Bolaños, una de las Monteros, Irene y la Chiqui Montero, la Sara Santaolalla, el Gran Wyomin etc., y aún podría sacarse otra categoría, la tercera que es menos agresiva, a mí me parecen muy liviana, que sería la de los memos, los estúpidos, los bobos, los lelos sopla boinas, simples etc., en la que gente como: Feijoo, el exministro, Iceta, el total de las caras enchufadas que dan chispazos, que pueden verse en la 1 de televisión con Silvia Inchaurrondo en cabeza.
Esta mañana he salido de casa y la primera persona que he visto, estaba poniendo a mear a su perro sobre el suelo del portal le he dicho: es usted un Óscar Puente.
-Y usted un gilipollas.
-¿Porque pone a mear al perro en el portal? So Pedro Sánchez.
¡Y se puso como una fiera!
Eloy R. Mirayo.
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