- “No es que se adultere (asegura el presentador de televisión, señor Alsina, en la 3 de televisión hace unos días en el espacio de Susana Griso) el resultado electoral, lo que pasa es que añaden nacionales españoles al censo electoral, pero no es una adulteración.
En todo caso, el debate será si los descendientes, nietos de españoles a los que se privó de su nacionalidad, tienen derecho o no a recuperarla”.
No, señor Alsina, a los españoles que huyeron de España durante los últimos meses de nuestra guerra y los primeros muy duros (esos los sufrí de lleno) de la posguerra, el “régimen” no les privó de su nacionalidad española ni de manera automática ni generalizada por exiliarse. Franco no les privó, fueron ellos quienes renunciaron de tan grande HONOR. Con ese deshonor solamente fueron castigados los lideres políticos.
Cuando digo nadie, quiero decirle a usted, por si tiene distinta opinión, que el gobierno del Generalísimo Franco no utilizó decretos ni leyes a conveniencia, para privar a los huidizos (algunos pasaron fronteras, además de cagados los calzoncillos, llevando en sus mochilas el -¡o los!- asesinatos de un sacerdote, de una monja, de un feligrés o del dueño de un pequeño taller de carpintería, el fontanero del barrio, o el del joyero de esa pequeñísima joyería artesana, en su propia casa, haciendo su trabajo sobre una mesa cualquiera, por no poder pagarse la apropiada, o el señor Paco, tendero de ultramarinos de la tienda de la esquina).
Y siendo descendencia de “tan noble cuna” nos gustaría mucho saber a los españoles nacidos aquí, y aquí maltratados por este chungo gobierno ¿qué os empuja para querer votar en nuestra política? ¿Qué pretendéis mejorar?
-«Che, ¿qué hacés, boludo? La concha de tú prima. La compraventa, boludo». «También quiero ir a conocer la tierra de mi abuelo y tirarme a las playas de Madrid».
- “El Parlamento español dijo que sí, por eso está en vigor la ley, pero no se adultera el censo. Simplemente se incorporan más españoles con los mismos derechos que todos los nacionales españoles, residamos o no en nuestro país”.
El asidero ardiente en el que insistentemente parece agarrarse el señor Alsina, si no le he entendido mal, es que durante el franquismo (es insistente), los españoles exiliados fueron desposeídos oficialmente de su nacionalidad. Eso es mentira (yo también insisto), eso es una malintencionada mentira con la que se intenta tapar el próximo “tocomocho” electoral.
Las terribles formas que el “franquismo” utilizaba para arrebatar la nacionalidad a lo exiliados fueron:
“Adquirir por deseo propio, otra nacionalidad.
Entrar al servicio de las armas o ejercer un cargo público en el extranjero sin permiso estatal.
Por sentencia judicial”.
Así ha venido siendo más o menos hasta…
Ahora, a muchos lustros de la “sanguinaria” dictadura del férreo autócrata, septiembre del año de gracia 2026, los españoles, en esta amable socialdemocracia alcanzada para España, para los españoles y… ¡pa tos que quie veniiii! por el comprensible solamente pueden llegar a ser castigados privándoles de la nacionalidad española, por estos motivos: “Un español que vive en el extranjero puede perder su nacionalidad principalmente si adquiere otra de forma voluntaria y pasan tres años sin declarar que desea conservarla. Servicio militar o político prohibido, o si entran al servicio de las armas o ejercen un cargo político en un país extranjero en contra de la prohibición del gobierno español.”
¿Podría señalarme usted, señor Alsina, la diferencia?
Eloy R. Mirayo.
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